Crónicas de un Amor Condenado. Capítulo 12

Autor: StephSalvatore | martes, 18 de septiembre de 2012



Podía sentir el resplandor del sol sobre mi rostro y el viento que se colaba por alguna ventana agitando mi cabello suavemente. Escuchaba el ruido sordo de los autos por el pavimento y, después de una leve sacudida, noté que mi cuerpo estaba en movimiento.Todo parecía lejano, como si estuviera dentro de un sueño. Los párpados me pesaban y apenas era consciente de mi cuerpo. Lentamente obligué a mi cerebro a recordar qué había pasado, cuando una voz fría me devolvió a la realidad.
—¿Y qué te hace pensar que yo sé donde está, Alexander?
Otra voz, igual de fría pero un poco más grave y profunda, respondió por lo que parecía ser un altavoz.
—No juegues conmigo, Kristen —la voz sonaba tranquila pero por el tono en que habló, se notaba que estaba visiblemente molesta—. Dime de una buena vez dónde demonios la tienes.
—Repito de nuevo: ¿Por qué crees que yo tengo a tu amiguita?
—No soy estúpido. Sé perfectamente que tú tienes a Stephanie, Kristen, y quiero que me digas dónde está.
—No encuentro razones para que pienses eso —se mofó Kristen.
—Stephanie desapareció esta mañana, nadie sabe dónde está y de la nada tú también desapareces. ¿De verdad me crees tan idiota como para no darme cuenta de que tú estás involucrada en todo esto?
—A ver Alexander, dime una cosa: ¿para qué demonios voy a querer yo a tu amiguita?
Poco a poco me fui dando cuenta de las cosas: Kristen discutía por teléfono acaloradamente con Alex. Hablaban de que yo había desaparecido y al parecer Alex creía que Kristen había realizado una especie de secuestro conmigo. Recordé haber visto unas botas negras antes de desvanecerme al salir del auto y me di cuenta que las sospechas de Alex eran ciertas.
—Porque así eres tú —respondió fríamente—. Haces daño a las personas por el simple hecho de que te gusta hacerlo, disfrutas lastimando y arruinando vidas ajenas por el puro placer de hacerlo.
— Dicho de ese modo me haces parecer una persona terrible —Kristen estalló en carcajadas vacías, carentes de toda emoción.
—Eso es lo que eres, aunque dudo mucho que tan siquiera puedas ser considerada como una persona, hace mucho tiempo que dejaste de serlo.
—Al igual que tú, mi querido Alexander. Te regodeas hablando de cómo destruyo vidas ajenas cuando fuiste tú mismo el que terminó con la vida de tu padre —Alex quiso hablar pero Kristen continuó hablando con un tono hiriente—. Eres un asesino y al igual que yo, dejaste de ser una persona desde hace cientos de años.
—¡Basta ya! —gritó Alex a través del altavoz, visiblemente más alterado—. Dime de una buena vez dónde demonios está Stephanie o te juro que...
—¿Duele escuchar la verdad, cierto?
Kristen hablaba despacio, relamiéndose con cada una de las palabras que pronunciaba. Era obvio lo mucho que disfrutaba lastimar a Alex con los recuerdos de su pasado.
—¿Por qué no aceptas de una buena vez lo que eres y cumples con la misión que tenemos? ¿No te das cuenta que juntos podemos hacer grandes cosas? Piensa en todo lo que podríamos hacer, buscar a la estúpida esa y terminar de una vez con todo esto divirtiéndonos en el camino.
—Yo no soy como tú —respondió tajantemente Alex, de nuevo con la voz calmada.
—En eso te equivocas y lo sabes bien. Eres un demonio al igual que yo y ya es hora de que lo aceptes después de tantos años, ¿no crees?
—Deja de hacerte la tonta Kristen y dime de una vez por todas donde demonios está Stephanie.
—¿Por qué te importa tanto lo que le pase? No me digas que estás enamorado de ella —añadió con un notorio tono de burla.
Alex rió con amargura.
—Por supuesto que no, no digas estupideces.
—¿Y entonces? ¿Cuál es tu interés en esa chica?
—El único interés que tengo es que quiero tener una vida tranquila y lo más normal posible y tú interfieres en mis planes.
—Ay por favor —dijo Kristen en medio de una risotada—, sabes perfectamente bien que nunca vas a tener una vida normal.
—Al menos quiero intentarlo y tus intentos de secuestro no me ayudan. No quiero levantar sospechas Kristen, así que dime de una vez en dónde tienes a Stephanie.
—¿No quieres levantar sospechas? Me temo que de ésta no vas a salir bien librado, Alexander —añadió en un tono sombrío.
—Te lo advierto Kristen, no juegues conmigo.
—Pero si no es contigo con quien quiero jugar —el tono frío y malévolo de su voz me heló la sangre, haciendo que me estremeciera levemente—. Creo que tu amiga ya está despertando, espero que no tenga una conmoción cerebral después del golpe que sufrió.
—¡NO TE ATREVAS A LASTIMAR A STEPHANIE!
El grito de Alex resonó de manera impactante en mis oídos. No sonó salido del altavoz como toda la conversación, si no que resonó por todas partes, como si fuera proferido por cada uno de los rincones del auto.
—Vaya, vaya —la voz de Kristen denotaba una visible sorpresa—. Debo admitir que estoy impresionada, al fin comienzas a utilizar tus poderes, Alexander. Creo que esta chica en verdad te importa más de lo que aparentas.
—No te atrevas a lastimarla, ¿me oíste? Si lo haces te juro que...
—A mí no me vengas con amenazas, ¿entiendes? Sabes de sobra que soy mucho más fuerte que tú y que si quiero puedo acabar contigo en un instante.
—Y tú sabes perfectamente que no te tengo miedo. ¿Quieres matarme? Hazlo, anda. Por mí no te detengas.
—Matarte sería hacerte un favor, y yo no hago favores. Sé muy bien que no me tienes miedo, ¿pero qué tal tu amiga? —añadió con malicia.
—¡Deja en paz a Stephanie! Tu problema es conmigo, siempre ha sido conmigo; a ella no la metas en lo que sea que tengas planeado.
—Créeme que muy pronto sabrás lo que tengo planeado para ella ¡nos vamos a divertir tanto!
—Dime dónde la tienes Kristen, o no descansaré hasta encontrarlas a ambas.
—Oh pero si no tienes que buscar tanto, muy pronto tendrás noticias de nosotros. Te lo prometo.
Los gritos de protesta de Alex terminaron cuando Kristen apagó el teléfono. Aquella conversación me había impresionado, sobre todo un detalle que Kristen mencionó creyendo que yo aún seguía inconsciente: "eres un demonio al igual que yo". De modo que eso era lo que eran en realidad Kristen y Alex: demonios. Todo cobró sentido cuando puse todas las piezas del rompecabezas a trabajar juntas: por eso Alex había presentado semejante fuerza al pelear con Diego, por eso tenía aquella mirada sombría, por eso sus manos se habían regenerado después de quemarse con el ácido y por eso su voz había resonado con fuerza dentro del auto. Porque era un demonio, igual que su hermana. Ambos poseían poderes, Kristen lo había dicho; y, sin embargo, al parecer Alex se negaba a aceptar aún lo que era. La pregunta era ¿por qué?
Quizás se arrepentía de haber asesinado a su padre o quizás hubiera preferido ser el único con habilidades sobrenaturales. La respuesta sólo él la conocía. Me inquietaba el hecho de que se mostrara tan preocupado por mí y si de verdad su único interés era no salir involucrado en mi desaparición. Algo en el tono de su voz me decía que su preocupación era verdadera y que realmente no quería que yo saliera lastimada. Si ya sabía quién era yo y tenía la misión de acabar conmigo, lo lógico era que no le importara que saliera lastimada y, en cambio, parecía empeñado en protegerme de cualquier cosa que pudiera hacerme daño. Varias veces había tenido la oportunidad de asesinarme y sin embargo no lo había hecho. Quizás por que prefería evitar el trabajo sucio dejando que Kristen lo hiciera, aunque si así era ¿por qué su afán en protegerme de ella? Él ya sabía que yo era la última descendiente de los Black, pero Kristen parecía ignorar aún ese detalle. Si quería dejarle el trabajo sucio a ella, ¿por qué no le había contado la verdad?
Una pieza faltaba aún en ese rompecabezas y al tratar de encontrarla, mi cabeza comenzó a dar de vueltas.
—Ya no finjas, Stephanie. Sé que estás despierta.
Moví un poco el cuello sin abrir los ojos aún. Comencé a incorporarme poco a poco y entonces noté una punzada de dolor en la parte baja de la nuca. Abrí levemente los ojos y me encontré con la negra y gélida mirada de Kristen.
—Buenos días, princesita —dijo con sorna.
Miré alrededor y noté que estábamos en el auto de mi hermano. Por las ventanas podía observarse que circulábamos por una carretera y por el color del cielo, se notaba que el ocaso estaba cerca. ¿Había estado inconsciente todo el día?
—¿En dónde estoy? —fue lo primero que pregunté.
—En un auto, ¿qué no es obvio?
Nuevamente sentí una punzada de dolor en la cabeza y llevé mi mano hasta ese sitio. Podía sentir algo viscoso y cuando observé mis dedos, éstos tenían un color escarlata: sangre que ya había coagulado.
—Quizás debería decir que lamento haberte hecho eso, pero la verdad es que lo disfruté tanto.
Quería decirle a Kristen lo mucho que la detestaba y que no le tenía miedo, pero la verdad era que sí estaba asustada. Ahora sabía que era un demonio y no conocía hasta dónde era capaz de llegar, algo me decía que no conocía los límites y tenía miedo de lo que tuviera planeado hacer conmigo.
—No pareces tan valiente ahora, ¿verdad? —se mofó.
—¿Qué es lo que quieres conmigo?
—Todo a su tiempo, Stephanie.
—Por favor Kristen —traté de que mi voz sonara lo más tranquila posible, en un absurdo intento de ocultar lo asustada que estaba—. Mira, yo no sé lo que pretendas, pero...
—¿Qué relación tienes con Alexander? —me interrumpió súbitamente.
—¿Qué?
—¿Estás sorda o qué? ¿Qué relación tienes tú con Alexander Slade?
—Solamente somos compañeros en el colegio —respondí siguiendo la historia que le había oído a Alex minutos atrás.
—¿Y sueles besarte con todos tus compañeros del colegio? —preguntó con sorna.
—Alex y yo jamás nos hemos besado —dije tajantemente.
—No soy estúpida, Stephanie. ¿Te olvidas de cómo los encontré el día que nos presentó?
Por supuesto que no lo olvidaba. Aquel día Alex me había confesado que yo lo volvía vulnerable, aquel día había estado a milímetros de besarme y estoy segura de que lo hubiera hecho si Kristen no nos hubiera interrumpido justo en ese momento.
—Mi vida privada no es de tu incumbencia —me limité a responder.
—Creo que no te haces a la idea de con quién estás tratando, ¿oh sí? Repetiré la pregunta: ¿Cuál es la relación que tienes tú con Alexander?
Yo continué callada, sin proferir palabra alguna.
—Muy bien —añadió en un susurro suave pero cargado de maldad—. Creo que necesitas algo de persuasión.
Su mirada sombría se tornó completamente negra, sus ojos parecían ser dos enormes abismos de oscuridad que parecían envolverme en una terrorífica sensación de pánico. Del fondo del asiento comenzó a surgir una especie de humo negro que se elevaba hasta el techo del auto, rodeándome; extrañamente cuando tocó mis brazos, noté que tenía una consistencia sólida y helada que me hizo estremecer completamente.
De la nada un dolor enorme invadió mi cabeza, un dolor más fuerte que cualquiera que hubiera sentido antes. Era un dolor tan fuerte que nubló mi vista y lo único que pude ver fue a las sombras negras envolviéndome en mi totalidad.


Cuando abrí los ojos, lo único que podía ver era oscuridad. Se escuchaba un sonido vago y repetitivo en un tono agudo, el cual después de examinar identifiqué como el sonido que hacían los ratones al roer algo con sus dientecillos.
Luego de algunos minutos escudriñando la penumbra, mis ojos se acostumbraron a ella y comencé a percibir algunas siluetas entre la negrura aterciopelada: al fondo, justo unos metros frente a mi, una escalera se extendía ascendiendo a una oscuridad más densa que en la que yo me encontraba. A mi izquierda, una mesa larga soportaba varios objetos que no pude reconocer y, a mi derecha, había lo que parecía ser una ventana completamente tapiada.
Cuando pude ser consciente de mi cuerpo, noté que estaba en una silla desgastada, con las manos atadas a mi espalda y mis brazos raspándose con las astillas desprendidas por la madera vieja. Intenté soltarme, pero con cada movimiento raspaba más mis muñecas contra la cuerda que me sujetaba, haciéndome sangrar.
Mientras analizaba en mi mente alguna leve posibilidad de escape, una rendija de luz iluminó la estancia, haciendo brillar las motas de polvo que inundaban el ambiente.
Cuando comenzaba a vislumbrar algunos detalles más de mi prisión, la luz desapareció y un ruido sordo comenzó a acercarse lentamente a mí. Comprendí que eran pasos bajando por la escalera y una silueta cuya negrura resaltaba entre el resto avanzaba hacia mí sin proferir sonido alguno más que el de sus pasos.
—No intentes hacerte la dormida de nuevo, niña —dijo una voz fría que reconocí al instante—. Sé perfectamente que estabas despierta en el auto y que escuchaste toda mi conversación con Alexander.
Demonios. Me quedé muda ante las palabras de Kristen. Ella sabía que yo había escuchado todo y sin duda haría algo al respecto; estaba segura de que no se quedaría como si nada, sabiendo que yo conocía lo que Alex y ella eran. Dirigí la mirada a la mesa de mi izquierda, especulando si entre los objetos sobre ella podría haber algún instrumento de tortura.
—¿Dónde está tu valentía ahora? —se mofó—. Estás sola, Stephanie. Nadie puede ayudarte y tú y yo vamos a divertirnos mucho.
—Por favor, Kristen. No me hagas daño —susurré tratando de fingir una calma que no sentía.
Por lo poco que sabía, Kristen era capaz de cualquier cosa y no dudaba que entre sus planes estuviera asesinarme.
—Oh, pero ¿qué es la diversión sin un poco de dolor? —replicó en medio de una carcajada gélida.
Dolor. Eso era todo. Ese era su plan: iba a inflingirme todo el dolor que pudiera para después acabar conmigo de la forma más cruel que pudiera.
—Kristen, por favor. Mira, yo no te he hecho nada. Déjame ir y te prometo que olvidaré todo lo que escuché en el auto. Déjame ir y olvidaremos todo esto.
Ella volvió a reír y esbozó una sonrisa llena de maldad que me erizó la piel de los pies a la cabeza.
—Cariño, para cuando termine contigo lo único que recordarás será a un desquiciado Alexander torturándote sin piedad.
—¿Alexander? No entiendo, ¿qué tiene que ver Alex con todo esto?
—Creo que eres más lenta de lo que pensaba —bufó molesta—. Generalmente no hago esto, pero como tenemos bastante tiempo me tomaré la molestia de explicarte.
Se colocó justo frente a mí, apoyando sus manos sobre los costados de la silla donde me tenía amarrada y apoyó todo su peso sobre sus brazos, clavando sus negros ojos en los míos.
—No soy estúpida, Stephanie. Conozco a Alexander y es obvio que él está interesado en ti; no entiendo por qué —añadió con desdén—, pero así es. Tú le interesas y cualquier persona en la que muestre interés es el arma perfecta para hacerle daño. Imagina su dolor cuando te encuentre lastimada y completamente enloquecida.
El tono sombrío en que dijo eso último me paralizó del miedo. De repente me imaginé a mi misma con cientos de heridas en el cuerpo y encerrada en un cuarto blanco con una camisa de fuerza, con todos creyéndome loca por creer que Alex y Kristen fueran unos demonios.
—Mejor aún —continuó con una mirada desquiciada—, imagina su expresión cuando te escuche decirle a todo el mundo que él te secuestró y que fue él el que destrozó tu cuerpo. ¡No podría haber nada mejor!
De acuerdo, no había duda de que Kristen era una psicópata en potencia y ante la perspectiva de salir mutilada y sin razón de ese lugar mi cerebro comenzó a idear un plan para escapar de ahí. No era una tarea fácil, así que lo único que se me ocurrió era mantener hablando a Kristen para ganar un poco de tiempo.
—Tu plan no tiene sentido, Alex sólo es mi compañero en el colegio y no creo que le afecte mucho lo que pueda pasarme.
—Sí, claro. Ustedes sigan fingiendo que sólo son compañeros pero a mí no me engañan. Noté la manera en que te mira, nunca lo había visto mirar a alguien así.
El tono de su voz me confundió, ¿parecía dolida? No entendía cómo es que Alex me miraba según ella, pero daba la impresión de desear que él llegara a mirarla algún día de una manera especial.
—Aunque bueno —continuó después de una breve pausa—, en el improbable caso de que ustedes tengan razón, mi plan no será en vano. Todos creerán que Alexander fue tu agresor y se irán sobre él. Nuevamente se verá en la necesidad de huir y se quedará sin hogar como siempre.
Por su manera de hablar concluí que varias veces le había arruinado la vida a Alex y que eso la llenaba de satisfacción. La pregunta era ¿por qué? ¿Por qué el interés en querer lastimar tanto a su hermano?
Me di cuenta de que no podía gastar mi tiempo tratando de descifrar a una desequilibrada Kristen, así que continué hablando:
—¿Por qué haces todo esto? ¿Cuál es tu interés en hacerle daño a Alex?
—Eso es algo que no te interesa.
Al parecer Kristen decidió que ya había hablado bastante y eso ponía mi momento de sufrimiento cada vez más cerca. Dudando si funcionaría con ella, decidí poner en práctica mi habitual costumbre de interrogar a las personas con insistencia hasta llegar al punto de desesperarlas y hacerles decir lo que quería saber.
—Vamos Kristen, ya me contaste tu plan. ¿Qué más da que me digas el por qué de todo esto?
—Tú sabrás lo que quiera decirte, punto.
—¿Por qué no me lo dices? De todos modos, según tú no recordaré nada de lo que acabas de decirme.
—¿Quieres callarte de una vez? Lo único que sabrás es lo que yo decida decirte, nada más.
La desesperación por retrasar mi dolor me hizo cometer una locura.
—Generalmente las mujeres lastiman a los hombres por despecho, ¿eso es, Kristen? ¿Acaso estás despechada y por eso tu empeño en hacerle daño a Alex?
—¡Cállate!
Recibí tremenda bofetada que la boca se me llenó de sangre, pero con eso comprendí que había dado en el blanco. Fuese lo que fuese, en el fondo Kristen era una mujer como todas las demás, mandada por el despecho hacia un hombre. Pese a que mi cabeza me decía que estaba jugando con fuego, mi curiosidad fue más fuerte y seguí interrogándola.
—Así que eso es, ¿eh? Estás despechada, por eso estás decidida a hacerle daño a Alex a costa de lo que sea.
—¡TE DIJE QUE TE CALLES! —bramó con furia—. Cállate, Stephanie no tienes idea de con quién te estás metiendo.
Por alguna razón que sobrepasaba mis límites de razonamiento me gustaba hacer enojar a Kristen, sentía que por una única vez era ella la lastimada y no al revés. Su tono de voz me hizo saber que el tema le dolía, así que continué haciendo la herida más grande.
—Me pregunto por qué ese odio hacia él. Mmm… quizás por un amor no correspondido…
Listo. Esa fue la gota que derramó el vaso. Sin ningún contacto, la silla a la que estaba amarrada salió disparada por el aire, conmigo incluida. Caímos con estrépito justo al otro lado de la estancia y pude sentir la sangre tibia corriendo por mi mejilla. La madera crujió y se hizo pedazos, liberándome de mis ataduras, pero estaba tan lastimada por el golpe de la caída que ni siquiera podía moverme. Kristen se agachó frente a mí y tomó mi rostro con fuerza, obligándome a mirar sus negros ojos llenos de una furia desquiciada.
—Tú no tienes idea de lo que es —rugió—, cientos de años, Stephanie, ¡cientos!, recibiendo su desprecio constante. Intenté ser buena, intenté darle todo pero él siempre se limitó a despreciarme. ¿Quieres saber por qué arruino su vida? Porque él arruinó la mía. Lo único que pedía era ser correspondida, ¿acaso era mucho? Pero no, desprecio fue lo único que recibí. Por eso le quité a su familia y su vida y por eso seguiré arruinándolo hasta que por fin se dé cuenta de que su lugar está conmigo.
Todo eso lo dijo en un murmullo atropellado con la voz llena de rencor. Entonces ése era el punto principal de todo, Alex no correspondía los sentimientos de Kristen y por eso ella estaba decidida a arruinarle la vida durante toda la eternidad.
Había escuchado de chicas obsesionadas que perseguían a un chico hasta el punto de cansarlo, incluso arruinaban todas sus relaciones hasta conseguir estar con él; pero una chica demonio que asesinaba sin piedad y cazaba a un chico por toda la eternidad… bueno, eso era nuevo para mí.
—Planeaba torturarte y dejarte con vida para que tú misma culparas a Alexander de todo —continuó poniéndose de pie—, pero creo que ya sabes demasiado así que me temo que tendré que asesinarte después de torturarte. De cualquier manera, me las ingeniaré para que parezca que él te asesinó… creo que no será difícil.
Después me propinó una patada en el abdomen que me dobló de dolor y me dejó de espaldas a la puerta. Sólo escuché sus pasos dirigiéndose a la mesa cuando de repente sonó un fuerte estrépito al otro extremo del lugar y una luz inundó cada rincón.
—Sabía que estarías aquí.
Conocía esa voz a la perfección, aunque nunca la había escuchado llena de tanta furia. Una punzada que no tenía nada que ver con el dolor de los golpes invadió mi estómago al escucharla, aunque no estaba del todo segura si debía asustarme o sentirme aliviada.
—Vaya —susurró Kristen—, creo que no eres tan tonto como pensaba.
—Déjala ir, Kristen. Tu problema es conmigo. Deja ir a Stephanie.
—Mmm… me temo que eso no va a poder ser posible, cariño. Tu querida Stephanie sabe demasiado y no puede seguir con vida.
—¡No te atrevas a hacerle daño!
—Y si lo hago, ¿qué? ¿Qué vas a hacerme?
Alex susurró algo que no alcancé a escuchar, pero que provocó una carcajada de burla en Kristen.
Lo que pasó a continuación fue una mezcla de confusión, gritos y una oscuridad helada. Lo único que recuerdo son unos brazos sosteniéndome con fuerza y un grito de furia capaz de acobardar al más valiente de los hombres.

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