Stephanie, la típica chica normal que vive el último año de preparatoria antes de partir a la universidad. Grandes sorpresas la aguardan con la llegada de Alexander, un chico nuevo que inmediatamente se gana el corazón y la atención de todas las chicas del colegio, y el odio y la envidia de los chicos. Juntos, se verán envueltos en un romance lleno de peligros y emociones, todo provocado por la verdadera identidad de Alexander, que Stephanie desconoce, y el pasado de la familia de ella.
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Sólo soy una simple chica son sueños de convertirme en escritora. Esta es una historia original y sacada de mi imaginacion, cualquier historia parecida es una copia. Los personajes aqui utilizados para ilustrar la historia son simplemente con fines decorativos, la novela no tiene absolutamente nada que ver con la serie "The Vampire Diaries".
Crónicas de un Amor Condenado. Capítulo 10
Autor: StephSalvatore | viernes, 16 de marzo de 2012
No hubo momento durante la noche en que pudiera dormir. Después de que Katherine regresara del baño, pasamos algunas horas charlando y bromeando, incluso hicimos una guerra de almohadas. El momento memorable de la noche fue cuando Aly sacó una botella de vodka de su mochila. Yo la reprendí un poco pero después de muchos alegatos suyos, terminé subiendo de la cocina un litro de jugo, algunos vasos y entre todas nos pusimos a brindar.
Después de más bromas y comentarios de Aly sobre el amor que Adri siente por Chris, las cuatro chicas nos fuimos a dormir. Aly y Adri —quienes casi se habían terminado la botella de vodka entre ellas solas—, cayeron enseguida. Katherine y yo, sin embargo, tuvimos más problemas para conciliar el sueño y nos quedamos platicando un rato. Aunque era una chica agradable, había algo en ella que no me caía del todo bien. Después de algunos minutos, la plática comenzó a volverse tediosa y me di la vuelta en mi saco de dormir, argumentando que el sueño comenzaba a llegar.
Completa mentira. Luego de mil y un intentos por conciliar el sueño, me di cuenta de que era una batalla perdida. Miré a las tres chicas que dormían profundamente envueltas en su bolsa de dormir e intenté imitarlas, pero todo fue inútil. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de Alex aparecía en mi mente de mil maneras distintas. La idea de que fuera un asesino me torturaba y sin embargo, sabía que era cierta; Aly no podía inventar cosas como aquélla.
Levanté la vista y entre las sombras, percibí la silueta de un grueso libro sobre la mesita de noche. Había permanecido ahí desde la noche anterior y la “noche de chicas” había pospuesto mis planes para leerlo. Sin hacer ruido, salí de mi saco de dormir y me senté en silencio sobre mi cama. Encendí ligeramente la lamparita de noche que estaba sobre la mesa y coloqué el pesado libro sobre mis piernas.
—Apaga eso —susurró Aly, entre sueños.
—Ya voy, ya voy.
—Steph, apaga eso y vete a dormir.
—Ya voy —repetí—. Sólo reviso algunas cosas y ya.
—Que imprudente eres —se quejó, para después darse la vuelta y volver a quedar profundamente dormida.
Busqué la página donde me había quedado la noche anterior y continué leyendo. Después de la introducción sobre la quema de brujas, el libro contaba a detalle cada una de las historias de cada bruja que había sido quemada. Después de leer las primeras dos, me convencí de que estaba leyendo un libro de cuentos. Las historias contaban que las supuestas brujas habían hecho pactos con el demonio para obtener poderes sobrenaturales. El pueblo, receloso de las habilidades que poseían, las había descubierto y arrojado a la hoguera. Las cosas que narraba parecían sacadas de un libro de fantasía y, sin embargo, estaban narradas de tal manera que parecían haber sucedido en realidad.
Después de la tercera historia —una bruja que había matado a sus propios hijos en un intento de vengarse de su esposo por delatarla—, los ojos comenzaron a pesarme. Devolví el libro a la mesita y volví a meterme en el saco de dormir. Cerré los ojos y al fin me entregué al sueño.
Caminaba por la escuela como si nada. Varios chicos a los que conocía me saludaban con la mano y yo les respondía. Iba buscando algo y sin embargo no sabía lo que era, solo sabía que necesitaba encontrarlo y mis pies me guiaban en su búsqueda.
Fue entonces cuando lo vi. Recargado contra el marco de la puerta de un aula cercana, allí estaba él; mirándome fijamente y con la sonrisa en el rostro que yo tanto amaba. No supe por qué, pero en cuanto lo vi supe que él era lo que yo tanto buscaba.
Alex me hizo una seña con la mano y yo caminé hacia él, me indicó que entrara al aula donde estaba y le hice caso. Después de que entrara, él cerró la puerta y antes de que pudiera hacer algo, tomó mi rostro entre sus manos y me besó. Una descarga eléctrica atravesó mi cuerpo y sentí como cada uno de mis nervios se alteraba. Sus labios estaban contra los míos y yo los saboreaba, sintiendo cada una de las veces que pasaban por los míos. No obstante, su beso no era como lo había imaginado: tierno y con el corazón desbordante, no. Alex me besaba con agitación y sus labios mordían los míos de un modo casi salvaje. Me besaba de tal modo que me estaba costando respirar y apenas me separé para tomar un poco de aire, el volvió a tomar mi rostro y nuevamente me besó.
Sin separar sus labios me acorraló contra la pared y continuó mordiendo y saboreando mis labios casi con desesperación. Contrario a todo lo que había imaginado, lo que quería era salir de sus brazos y apartarme de él. Hice un intento por alejarme, pero él me sujetó firmemente sin dejar de besarme. Haciendo uso de todas mis fuerzas lo aventé lejos de mí y él se limitó únicamente a mirarme.
—¿Qué pasa contigo, Alex? —pregunté completamente desconcertada.
—¿Qué? —enarcó una ceja—. No me digas que no te gustó —añadió en una mueca burlona.
—¿Qué fue eso?
—No finjas, Stephanie —dijo acercándose de nuevo—. Ambos sabemos que lo deseabas.
De nuevo intentó besarme pero yo hice el rostro a un lado y me aparté.
—Alex, ¿qué te pasa? —le pregunté completamente consternada.
De pronto una risa sonó detrás de mí. Una risa fría y cruel que, aunque hubiera escuchado pocas veces, la conocía a la perfección. Me di la vuelta y encontré a Kristen detrás de mí, con los brazos cruzados y la habitual sonrisa burlona en su rostro.
—Perdiste —le dijo a Alex con sorna—. Te rechazó.
—Claro que no —respondió él—. La primera vez me respondió y ésa es la que cuenta.
—Stephanie, Stephanie —Kristen negó con la cabeza mientras me examinaba con sus fríos ojos negros—. Déjame enseñarte cómo se hace.
Sin vacilar, caminó hacia Alexander y lo besó. Ambos se enzarzaron en un beso muy intenso y apasionado, él la tomó de la cintura aferrándose a ella y la besó con tanta ferocidad que parecía comerle la boca a cada segundo.
Mi alma se fue al suelo. Sentí como si mis intestinos me abandonaran, como si cada parte de mi cuerpo hubiera dejado de existir para dejarme flotando en la inmensidad del dolor, mientras observaba como Alex y Kristen se devoraban el uno al otro.
Cuando se separaron, ambos me miraron sonrientes; la expresión de burla en el rostro de Alex me lastimó más que cualquier otra cosa e hizo que unas cuantas lágrimas corrieran por mi rostro sin que pudiera detenerlas.
—Así es como se hace —dijo Kristen.
—Eso estuvo mucho mejor.
Alex sonrió y volvió a besar a Kristen como si yo no estuviera presente. Más lágrimas corrieron por mis mejillas y cuando las enjugué con la manga de mi camiseta, Kristen volteó hacia mí y soltó una risotada.
—¿Por qué lloras, Stephanie? Oh, no me digas que creíste que Alex se había enamorado de ti —de nuevo soltó una carcajada fría y me taladró con sus negros ojos—. Sí, él es muy bueno en eso.
—Te dije que sería fácil.
Alex también rió y cada sonido que provenía de él me lastimaba como mil agujas encajándose en cada parte de mi corazón. No podía creer lo que acababa de ver ni mucho menos lo que acababa de oír, ¿entonces sólo había sido un juego para Alex?
—Demasiado fácil diría yo. Pero bueno, ¿por qué no terminas todo esto de una vez?
—Será un placer.
Alex se lanzó sobre mí y con una fuerza sorprendente me estrelló contra la pared. Me tomó por el cuello y cerró sus largos dedos alrededor de él, impidiendo toda entrada de aire a mis pulmones. Todo a mi alrededor comenzó a dar de vueltas y mi vista se nubló. Lo último que alcancé a percibir fueron los ojos de Alex tornándose completamente negros mientras miraba con una sonrisa de satisfacción como mi cuerpo comenzaba a desvanecerse…
—Stephanie, ¡Stephanie, despierta!
Las tres chicas que compartían la habitación conmigo me miraban asustadas. Me incorporé mirando a mi alrededor y me di cuenta de que estaba en el suelo, sentada sobre mi saco de dormir y que lo que había sucedido con Alex permanecía únicamente a un sueño. Un sueño que había parecido bastante real y debido al cual aún sentía las manos de Alex estrangulándome. Llevé las manos a mi garganta y noté cómo ésta aún me escocía por la sensación de la falta de aire.
—Es obvio que tuvo una pesadilla, ¿no? —dijo Katherine.
—Aunque no lo creas, Kath —intervino Adri—, eso ya lo habíamos deducido —después se dirigió a mí—. ¿Qué soñaste Steph?
Podía escuchar sus palabras y sin embargo, no les encontraba ningún sentido. Me sentía aún lejos de mi habitación, encerrada en el salón de clases viendo como Alex y Kristen se besaban frente a mí. Aún podía ver sus miradas de burla al separarse y su sonrisa al hacerme saber que no había sido más que un juego.
Las lágrimas que había derramado durante mi sueño se materializaron en la realidad y comenzaron a brotar de mis ojos sin que yo me diera cuenta. Antes de que pudiera evitarlo, me solté a llorar y escondí el rostro entre mis piernas.
—¿Qué tienes, Steph? —preguntaron mis dos amigas, asustadas.
Yo continué llorando, sin proferir palabra alguna. Aly me abrazó por los hombros y Adri la imitó.
—Tranquila, fue solamente un sueño.
—Fue tan real —dije después de unos segundos, con la voz entrecortada.
—Pero a fin de cuentas no pasó de un sueño.
—¿Qué soñaste?
—Alex… —fue todo lo que pude decir.
Pude notar como mis dos amigas suspiraban y se miraban entre sí. No supe qué pasó después, pero pude escuchar como Katherine se levantaba y decía:
—Entiendo. Emm… yo iré a la cocina por un vaso de agua.
Después escuché el sonido de la puerta y, cuando levanté la mirada, en la habitación sólo estábamos mis dos amigas y yo.
—¿Qué soñaste, Steph? —volvió a preguntar Adri.
—¿Soñaste con Alex?
Yo asentí.
—¿Qué soñaste? —repitieron.
Nuevamente sentí las manos de Alex estrangulándome y llevé mis manos alrededor de mi garganta. Cerré los ojos y cuando hablé, lo hice en voz baja:
—Él… él trató de asesinarme.
—¡Te dije que no le contaras nada!
Adrienne reprochó a Aly y ella protestó, ofendida:
—¡Steph tenía que saber la verdad! Si Alex en verdad mató a alguien lo correcto es…
—¡Quizás eso ni siquiera sea cierto! Tal vez la tal Kristen sólo lo inventó para…
—A mí no me pareció que fuera un invento. Si hubieras escuchado la reacción de Alex…
—¡Tal vez se molestó porque Kristen anda inventando cosas! ¿Tú no te molestarías si supieras que yo ando inventando que mataste a alguien? Tal vez eso fue lo que pasó y ahora la pobre de Stephanie está toda traumatizada.
—A mí no me pareció que fuera un invento —repitió Aly—. Y seamos sinceras, no conocemos nada acerca de Alex. Tan bien podría ser verdad que resultara ser un asesino como que no.
—¿Y qué tal que no lo es? Tal vez, como te digo, todo es una calumnia y tú ya andas diciendo que…
—Yo tampoco creo que sea un invento —la interrumpí, en medio de un susurro.
La mirada de Alex en mi sueño me pareció tan familiar y de repente recordé por qué. Era la misma mirada que había tenido durante su enfrentamiento con Diego, la misma mirada oscura y atemorizante que adquirió después de que yo le contara cómo Diego me había puesto en ridículo frente a toda la escuela. Era una mirada que nunca antes había visto en alguna persona, una mirada que ponía los pelos de punta y que bien podría pertenecerle a un asesino.
Después de recordar todo aquello, no me costó trabajo imaginar a Alexander tratando de asesinar a alguien con esa misma mirada.
—¿Stephanie? —preguntaron mis amigas al unísono—. ¿Tú crees que Alex en verdad es un asesino?
—Bien podría serlo —respondí mirándolas—. Hay algo que no les he contado.
—¿Qué cosa?
—Ustedes no son las únicas que me han dicho que me aleje de Alex.
Ellas me miraron con sorpresa y confusión a la vez. Yo suspiré y decidí que era hora de contarles absolutamente todo lo que Alex y mi abuela me habían dicho hasta entonces. Su empeño en que él era malo para mí y que debía mantener la mayor distancia entre nosotros, cómo todo aquello encajaba con lo que Aly había escuchado.
—Ayer, mientras me trajo a mi casa después del incidente del gimnasio —expliqué—, lo interrogué acerca de su actitud conmigo.
—¿Qué le dijiste?
—Le pregunté porque ha estado tan frío y distante conmigo durante toda la semana. Al principio no quiso decirme nada pero después…
—¿Después qué? —preguntó Aly, ávida de más noticias.
—Después me dijo que lo hacía porque era lo mejor para mí, porque quería mantenerme a salvo.
—¿A salvo de qué?
—Yo no entendí eso y él no quiso darme más explicaciones, pero hoy volvimos a hablar después de Ciencias y me dijo que tenía que mantenerme a salvo de él.
—¿Y eso que significa?
—Ese es el punto. Que no tengo la menor idea de lo que significa. Alex está empeñado en la idea de que manteniéndome alejada de él me protege de él mismo, pero no comprendo de qué es de lo que me tiene que proteger. Dice que no podría soportar si algo malo me pasara por su culpa, y siempre que le pregunto qué es lo que puede pasarme me dice que hay cosas que no debo de saber porque me pondría en peligro al saberlo —añadí en medio de un resoplido de frustración.
—Tranquila, Steph —Adri me abrazó por los hombros.
—De verdad no lo entiendo —continué sin poder contenerme—. Cuando nos conocimos era tan diferente, era dulce, era tierno, nada que ver con lo que es ahora.
—A veces las personas cambian.
—¿Y por qué lo hizo? ¿Por qué de la noche a la mañana se empeña en protegerme de algo que según él no puedo saber?
—Steph —dijo Aly—, no sé qué tanto de nuestras suposiciones sea cierto; pero si Alex te dice que estás en peligro cerca de él, deberías hacerle caso. Debe tener sus razones para decirlo.
—Alex no es el único que me ha dicho eso.
Mis amigas me miraron con expectación.
—Mi abuela… ella me dijo que Alex no era mi amigo, que lo mejor era que me mantuviera lo más lejos posible de él.
—¿Tu abuela? ¿Tu abuela conoce a Alex?
Inhalé profundamente y les conté detalle a detalle todo lo que había pasado durante el encuentro de Alex y mi abuela. El desconcierto en su mirada solamente aumentó y cuando terminé mi historia, ninguna de las tres dijo nada durante unos minutos.
—Eso fue demasiado raro —dijo Adri al fin, rompiendo el silencio—. ¿Por qué tu abuela te dijo todo eso? ¿Por qué echó casi a patadas a Alex de aquí?
—No lo sé —suspiré—. Por más vueltas que le doy no logro encontrar una explicación razonable.
—¿Ella no te dijo por qué lo hizo?
Dirigí una leve mirada al libro que descansaba sobre la mesita de noche, pero decidí guardar ese detalle para mí. No quería que mis amigas pensaran que mi abuela estaba loca por creer en las supersticiones de un libro viejo, ni que creyeran que yo lo estaba por plantearme siquiera que aquello pudiera ser verdad.
—No me dijo nada. Simplemente insistió en que Alex era una persona de la que debía alejarme lo más posible, es todo.
—¿Y si ella sabe algo? —sugirió Aly.
Adri y yo la miramos expectantes y ella soltó uno de sus habituales resoplidos de frustración al ver que no captamos su punto.
—Quizás tu abuela sabe algo acerca de Alex y por eso actuó como lo hizo.
—¿Algo sobre qué?
—No lo sé, algo sobre el pasado de Alex, del asesinato que cometió.
—Un asesinato que ni siquiera sabemos si ocurrió —puntualizó Adri.
—¿Por qué abría de saber mi abuela algo del pasado de Alex? Eso no tiene mucho sentido, Aly.
—Por como dices que se portó, me da la impresión de que tu abuela ya lo conocía. Quizás ella sepa algo y por eso te dijo todo eso.
—No sé de dónde tendría ella que conocerlo. Alex ha vivido toda su vida en Inglaterra y que yo sepa, mi abuela jamás ha viajado allá.
—Bueno, eso es lo que Alex dice. Habrá que ver si es verdad.
—Aly —dijo Adri totalmente exasperada—, estás totalmente convencida de que Alex es un psicópata asesino y ni siquiera sabemos si…
—¡Chicas! —exclamé—, no empiecen a pelear como siempre, ¿sí?
—Perdón —susurró Aly—. ¿Qué piensas, Steph? ¿Qué piensas sobre todas esas cosas raras sobre Alex?
Tardé unos minutos en responder. Era cierto que me dolía alejarme, pero también lo era el hecho de que tantos misterios y cambios de humor por parte de Alex me tenían cansada. Ya estaba harta de que nadie quisiera decirme absolutamente nada y por primera vez en mi vida, decidí hacer algo que odiaba: iba a tragarme todas mis inquietudes y le haría caso a Alexander. Él decía que alejarme de él era lo mejor y en vista de que parecía tener razón le haría caso, le pondría punto final a tantas preguntas sin respuesta y me alejaría de él de una vez por todas.
—Voy a hacerle caso a todos —respondí finalmente—. De ahora en adelante Alexander Slade será un estudiante más del colegio para mí, no más.
—¿Estás segura de que es lo mejor? ¿No quieres resolver todo este misterio?
—Ahorita no estoy segura de nada, pero es evidente que las respuestas a todo esto están muy lejos de mi alcance. Ya no quiero torturarme más chicas, lo mejor es olvidarlo y dejar esto por la paz.
—Pero…
—Aly, por favor no insistas. No quiero volver a hablar de esto, ¿sí?
De repente, se escuchó un grito proveniente de la cocina y sonidos de cristales rotos. Todas bajamos a ver qué pasaba, incluida mi madre y encontramos a Katherine al borde del colapso y a mi hermano tratando de calmarla.
—¿Qué pasó? —preguntamos todas.
—No sé —respondió Chris totalmente alterado—. Yo acabo de llegar apenas, la vi en la cocina y creyendo que eras tú, Steph, la asusté. Pero creo que me equivoqué —añadió sonrojado.
Todas estallamos en carcajadas.
—¡No fue gracioso! —reclamó Katherine entre lágrimas—. Me llevé un susto de muerte.
—¿Qué hacías tu aquí abajo? —preguntó mi madre.
—Bajé por un vaso de agua.
—Perdón en serio —dijo mi hermano totalmente apenado—, pensé que eras mi hermana. Nunca quise asustarte tanto.
—Te pasaste, Chris —dije tratando de contener la risa—. Eso te pasa por maldoso.
—Sólo quería hacerte una broma —se defendió—. Y a todo esto —miró a Katherine—, ¿quién eres tú?
—Es mi prima —dijo Adri.
—Soy Katherine. Adrienne es mi prima y me invitó a venir hoy —respondió ella, con la respiración aún entrecortada.
Después de miles de disculpas más por parte de mi hermano, todos nos fuimos a dormir, no sin antes escuchar el regaño que mi madre le propinó a Chris por llegar hasta entrada la madrugada.
A medida que el sol asomaba por el horizonte, el cielo se coloreaba con tonos cálidos que anunciaban la llegada del amanecer. No había mucha actividad aún y, sin embargo, la gente que mirara por sus ventanas podría ver a aquella chica solitaria caminando por la bahía.
No había podido dormir absolutamente nada durante la noche, mi mente seguía vagando en la conversación que había tenido con mis amigas la noche anterior. Necesitaba un rato conmigo misma para pensar y poner en orden todos mis pensamientos, así que faltando poco para el amanecer me levanté con cuidado del saco de dormir, me puse un pants y después de garabatear una nota rápida informándole a mis amigas que no tardaría en volver, tomé el libro antiguo de mi abuela sin saber muy bien por qué, agarré las llaves del auto de Christian y conduje hacia la bahía, vacía a esas horas de la madrugada.
Los veleros se mecían suavemente con el ritmo de las olas y, a medida que caminaba por la orilla, dejaba que el suave aroma salino del ambiente me invadiera, embargando cada parte de mi ser.
La tranquilidad del ambiente y mi sombra como única compañía me hicieron darme cuenta de la realidad. Había demasiadas preguntas sin respuesta en mi cabeza, preguntas cuya respuesta, al menos por ahora, estaba completamente lejos de mi alcance. Pese a no querer admitirlo, mi corazón latía fuertemente por Alex, pero eso no borraba el hecho de que su presencia solo me brindara sufrimiento y dolores de cabeza. Era cierto que apenas y lo conocía, y, pese a mis sentimientos hacia él, no tenía sentido que me torturara como lo estaba haciendo por alguien de quien no sabía con certeza absolutamente nada. Lo mejor era que los pocos momentos agradables que había pasado junto a él, sus sonrisas de ternura, sus miradas que me robaban el aliento y todas sus palabras, los atesorara como un simple recuerdo de alguien que había hecho palpitar mi corazón y continuara con mi vida muy aparte de la suya.
Pensando en todo aquello, observé el viejo libro que había llevado conmigo sin saber el motivo. Ese libro entrañaba aún más misterios de los que podría ayudarme a resolver. Lo mejor era que dejara también aquel tema por la paz y lo devolviera a mi abuela cuanto antes. Decidí que al volver a casa le propondría a mi madre visitar a la abuela uno de estos días, cuando escuché una voz que hizo que las decisiones que acababa de tomar comenzaran a vacilar:
—¿Stephanie?
—¿Alex?
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó examinándome con sus ojos azules.
—Me gusta venir aquí cuando amanece, ¿y tú?
—Creo que tenemos los mismos gustos, entonces.
El brillo del sol que ahora comenzaba a elevarse le daba un brillo especial a sus ojos. Su azul habitual irradiaba una especie de resplandor celeste que los hacían aún más hermosos de lo que ya eran. Mis sentimientos hacia él comenzaban a embargarme y hacían que empezara a dudar de la decisión que acababa de tomar. Así que tomé aire y pronuncié las palabras antes de que desvanecieran en mi pecho:
—Alex, yo… emm… me gustaría hablar contigo.
Él me miró extrañado.
—No creo que tengamos nada de qué hablar.
—Te equivocas. Quiero hablar contigo sobre tu empeño en que me aleje de ti.
—No vuelvas con lo mismo, Stephanie. Ya te he dicho que…
—Voy a hacerte caso —lo interrumpí antes de que terminara de hablar.
—¿Qué?
—Voy a hacerte caso y voy a mantenerme lo más lejos posible de ti.
Solté las palabras lo más atropelladamente que pude. Tener a Alex cerca de mí hacía que mi corazón palpitara con fuerza intentando tragarse lo que tanto intentaba decir, así que solté las palabras antes de que fuera demasiado tarde.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó sin poder ocultar el tono de sorpresa en su voz.
—Que voy a hacerte caso. Tú serás únicamente otro estudiante más del colegio para mí.
Listo, lo había dicho y ya no había forma de retractarme. No quedaba más remedio que cumplir con mi palabra y apartarme definitivamente de Alex.
—¿Estás hablando en serio?
—No sé por qué te sorprende —respondí tratando de fingir indiferencia—. Me has repetido hasta el cansancio que lo mejor es alejarme de ti, ¿no? Pues al fin te haré caso.
—¿A qué se debió tu cambio de opinión?
No pude evitar notar que su voz seguía teniendo un tono de sorpresa.
—Pues ya ves, a veces…
—¿Qué es eso que tienes ahí? —me interrumpió de repente, señalando el libro que tenía entre mis manos.
—Sólo un libro que me dio mi abuela, ¿por qué? —pregunté extrañada ante su repentino cambio del tema.
—¿Podría verlo?
—¿Para qué?
—Déjame verlo, por favor.
—¿Pero para qué?
—Por favor…
Alex intentó arrebatarme el libro y yo se lo quité sorprendida ante su sorpresivo interés. Entre nuestro forcejeo el libro cayó al suelo y yo me agaché a recogerlo. Lo que vi me paralizó completamente y puso en marcha el motor que hizo que todas las piezas del rompecabezas comenzaran a encajar.
El libro cayó y se abrió en una de las últimas páginas. Una página que contenía el retrato de una familia. Todos llevaban una ropa antigua, aproximadamente del siglo XVII, el padre y la madre miraban al frente y, al lado de ellos, se encontraban sus hijos. Dos chicos vestidos de la misma forma que sus padres miraban igualmente al frente, dos chicos que eran extrañamente familiares para mí.
Aquellos chicos eran idénticos a Kristen y Alexander, cada uno de sus rasgos era perfectamente igual y, pese a que la foto era en tono sepia, podría haber jurado que los ojos del chico de la fotografía eran del mismo tono azul del Alexander que tenía frente a mí. Leí el pie de la fotografía y mi conmoción aumentó, éste rezaba: “Thomas y Charlotte Slade, junto con sus hijos Kristen y Alexander, Salem 1692”.
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