Crónicas de un Amor Condenado. Capítulo 9

Autor: StephSalvatore | jueves, 9 de febrero de 2012



A medida que caminaba por el pasillo, los últimos minutos que había pasado con Alex seguían revoloteando en mi mente. El hecho de que hubiera estado a punto de besarme hacía que sintiera un enorme cosquilleo en el estómago y de repente me sorprendí a mí misma imaginando cómo sería sentir el calor de sus labios contra los míos, saboreándolos lentamente y sintiendo su suave textura.
“Eres mi única debilidad”, no podía dejar de pensar en sus palabras desde que las había pronunciado. ¿A qué se refería Alex exactamente al decir que yo era su debilidad? ¿Sería acaso, el hecho de que al igual que me pasaba a mí, el tenerlo cerca hacía que miles de sentimientos me embargaran? ¿Qué al igual que el mío, su corazón también palpitaba con fuerza con tan sólo pensar en él?
Entré al baño y recargué los brazos sobre el lavabo, mientras me miraba en el espejo. Mi reflejo me devolvió la mirada con la misma confusión que yo sentía. Cerré los ojos y solté un grito de frustración, un grito en el que intenté sacar toda la confusión que sentía por dentro.
—Vaya grito.
Me di la vuelta sobresaltada. Había creído que el baño estaba vacío y me sorprendí al ver a Aly saliendo del cubículo que estaba justo detrás de mí.
—¿Por qué gritaste? —preguntó algo asustada—. ¿Qué pasó?
—No paso nada, tranquila.
—¿Entonces por qué gritaste?
—Porque… porque sí.
—Vaya Steph, ya creía que estabas loca pero si te pones a gritar así de la nada quizás necesites que te lleve al manicomio.
Yo reí con su comentario.
—No estoy loca, sólo necesitaba sacarlo.
—¿Sacar qué?
Ella me dirigió una de sus miradas en las que parecía que te examinaba con rayos X. Odiaba que hiciera eso, al igual que Adri, Aly me conocía a la perfección y siempre sabía cuando algo me inquietaba.
—Nada —respondí tratando de restarle importancia al asunto—. Nada, no me hagas caso.
—Ajá —Aly se cruzó de brazos sin dejar de mirarme—. Te conozco, Steph, y sé cuando algo te pasa.
—No me pasa nada.
—Y mi hermano no es un imbécil, ¿no?
—Eso no lo puedo discutir —respondí entre risas, tratando de cambiar el tema.
—Tiene que ver con Alex, ¿cierto?
Suspiré resignada y volví a dirigir la mirada al espejo. Al parecer Aly no se daría por vencida.
—Claro que no —respondí después de unos momentos.
—Claro que sí. Has estado rara todo el día.
—Yo soy rara.
—Sabes a lo que me refiero. Has estado rara todo el día, ¿qué pasó con Alex cuando te llevo a tu casa?
—No pasó nada, ¿sí?
En ese momento Adri entró por la puerta y yo solté un suspiro de alivio.
—¿Reunión secreta y no me invitaron? —preguntó al vernos a Aly y a mí.
—¿Cómo crees? —reí en un intento de desviar la conversación—. Sólo nos encontramos aquí.
—Ahora veo por qué te tardabas tanto —le dijo a Aly—. Comenzaba a creer que te habías atorado o algo así.
Las tres nos echamos a reír.
—No me atoré —dijo Aly aún riendo—. Me encontré a Steph y comenzamos a platicar —añadió volviendo a examinarme con la mirada.
—Qué bueno, nos ahorraste tener que ir a buscarte, Steph.
—¿Para qué?
—Tenemos que planear lo que haremos esta noche —dijo Adri en un tono parecido al que alguien usaría al explicar que dos más dos es cuatro.
—¿Esta noche? —pregunté sin entender.
—¿Hola? —dijo Aly, sacudiendo sus manos frente a mí—. Es el primer viernes del mes, niña.
—Ah —al fin caía en cuenta—. Noche de chicas.
Debí haberlo recordado. Como cada mes, la tarde del primer viernes la gastábamos en casa de alguna de las tres y la convertíamos en “noche de chicas”. Hacíamos una especie de pijamada y nos dedicábamos solo a bromear y divertirnos.
—Dah, así es.
Aly volvía a usar su habitual tono de exasperación y eso me hizo saber que al menos por el momento, había olvidado la conversación que tuvimos minutos antes. No era que no confiara en ella, al igual que Adri era mi mejor amiga y no había nada que le ocultara, simplemente no estaba de humor para hablar de Alex y toda la confusión que me hacía sentir.
—Entonces, ¿iremos a mi casa?
—¿Y si mejor vamos a la mía? —la idea de pasar la noche en casa de Aly no era algo que me causara emoción—. No te ofendas, pero estar toda la noche en la misma casa que Diego no me agrada en lo absoluto.
—Mmm… creo que en eso tienes razón.
—Steph tiene razón —intervino Adri—, mejor vamos a su casa.
—Lo que tú quieres es estar más tiempo con Christian, no te hagas.
Miré a Adri y la expresión que había en su rostro me hizo reír en demasía. Era gracioso el hecho de que tanto Aly como yo supiéramos que estaba enamorada de mi hermano y ella aún siguiera empeñándose en negarlo. Más aun lo era el hecho de que a Aly le encantara ponerla en evidencia frente a mí.
—Eso no es cierto —respondió sonrojada.
—Bueno, bueno —dije aún riendo—, entonces ¿iremos a mi casa?
—A mí me parece bien —Aly se encogió de hombros—. Yo llevo el alcohol.
—No llevarás alcohol a mi casa —dije riendo—. Lo menos que queremos es a Adri ebria haciéndole un streptease a mi hermano.
—Eso sería de lo más gracioso, hay que emborracharla y ver que hace—Aly se carcajeó.
—¿Ya terminaron de burlarse de mí? —Adri nos fulminó a las dos con la mirada—. Que haya vomitado una vez sobre la alfombra de Aly no significa que sea una ebria.
—Lo que eso significa —respondió Aly—, es que eres una alcohólica en potencia.
—Síguele como vas, Alyssa.
Yo continué riendo y después abracé a Adrienne.
—Ya ya, no te rías de Adri. Ella no tiene la culpa de su ebriedad.
Ella me dio un codazo y me miró con los ojos entrecerrados.
—¡Tú también, Stephanie!
—Ya no te enojes, Adri. Sabes que nos gusta molestarte.
—No te enojes, mujer. Ya no diré lo mucho que te gusta el hermano de Steph.
—Ya no la tortures, mejor hablemos de lo que haremos hoy.
—Oigan, oigan, casi lo olvido —el tono que había en la voz de Adri revelaba lo agradecida que se sentía de poder cambiar el tema—. ¿Les molesta si tenemos compañía hoy?
—¿A qué te refieres?
—¿Recuerdan a mi prima Katherine?
Ambas asentimos. Katherine era una prima de Adrienne que había venido de visita hacía unos cuantos años. Yo sólo la había visto unas cuantas veces y nunca la traté mucho que digamos.
—Vendrá de visita y se quedará unas cuantas semanas con nosotros. Justamente llega hoy y de seguro mi mamá querrá que la lleve con nosotras, ¿les importa?
—Por mí no hay problema —dirigí la mirada a Aly.
—Claro que no nos importa —dijo ella con entusiasmo—. Mientras más seamos, mejor.
—Entonces nos tendrás a Kath y a mí en tu casa, Steph.
—Y a mí, por supuesto —añadió Aly.
Yo asentí sonriendo. Sin lugar a dudas la noche de chicas mantendría mi mente ocupada y con Aly seguramente nos íbamos a divertir. Eso era precisamente lo que necesitaba: alejar mis pensamientos de todo el drama que comenzaba a vivir con Alex y divertirme con mis amigas. Continuamos riendo y platicando de lo que haríamos más tarde en mi casa cuando la puerta del baño se abrió de nuevo.
—Creía que esto era un baño, no un centro de reuniones sociales.
Lo que me faltaba. La famosa Kristen tenía que entrar por la puerta y arruinar el momento de alegría que estaba teniendo con su aire de arrogancia y frialdad.
—Creía que uno era libre de hacer lo que le plazca en el baño —replicó Aly.
Kristen la miró del mismo modo en que lo hizo conmigo cuando abandonó el salón con Alex y dijo en su mismo tono gélido:
—¿Y tú eres?
—Alyssa Carter, ¿y tú? —respondió en el mismo tono frío.
—Alguien a quien no le interesa conocerte.
—Qué casualidad, en eso estamos de acuerdo.
—Tú no estudias aquí —dijo Adri, sin miramientos—. ¿Qué haces aquí?
—Lo que yo haga o deje de hacer no es de la incumbencia de nadie.
De acuerdo, esta situación ya me estaba cansando. Más allá de que conociera a Alex o cualquier otra cosa, había algo en Kristen que no me agradaba en lo más mínimo. Su ropa negra, su aire de superioridad y de arrogancia, todo en ella resultaba completamente molesto para mí.
—Te voy a pedir un favor, ¿sí? —le dije seria—. A mis amigas no les vas a hablar así.
Ella soltó una risotada vacía y me miró con el mismo rostro carente de expresión.
—Tú eres Stephanie, ¿cierto? —antes de que pudiera decir algo, ella continuó—: Déjame decirte algo, Stephanie. A mí nadie me dice que hacer, absolutamente nadie.
Hizo énfasis en sus últimas palabras y las dijo de un modo que me puso los pelos de punta.
—Mira —Adri dio un paso al frente—, no sé quién te crees que eres, pero no puedes venir así de la nada y tratarnos con la punta del pie solamente porque sí.
—Creo que no les ha quedado claro que no tienen idea de con quien se están metiendo.
—Y a ti no te ha quedado claro —dije con la voz un poco más fuerte—, que no le puedes hablar así a mis amigas.
Ella volvió a reír, pero esta vez lo hizo de una forma un poco malévola. Su risa sonó muy fría y no tenía ni un solo asomo de diversión.
—Te crees la gran cosa, ¿no?
Yo no respondí, sólo me limité a sostenerle la mirada de la misma forma fría e inmutable en que ella lo hacía conmigo.
—Has algo inteligente por primera vez en tu vida y no te metas conmigo, ¿sí? —su rostro adquirió una mueca burlona—. Y también aléjate de Alexander, ¿oíste?
—¿Qué tiene que ver Alex con todo esto? —pregunté totalmente confundida.
—Simplemente aléjate —dirigió su mirada a Aly y a Adri—. Ah, y enséñale a tus amigas a no meterse en lo que no les importa.
Después dio la media vuelta y salió por la puerta del baño con su aire de superioridad que tanto me irritaba.
—¿Quién demonios es esa creída? —preguntó Aly con la voz llena de furia.
—Kristen —me limité a decir.
—No… ¿no es ella la chica que buscaba a Alex durante el almuerzo? —preguntó Adri, con la vista fija en la puerta.
Yo asentí.
—Sí, es ella.
—¿Tú la conoces?
—Tuvimos un encuentro hace rato, apareció cuando… cuando estaba hablando con Alex después de la clase de Ciencias.
Había estado a punto de decir “cuando Alex estaba a punto de besarme”. El encuentro con Kristen me había puesto los nervios de punta y lo que menos quería ahora era echarle más leña al fuego. Me había propuesto dejar de lado el tema de Alex, al menos durante aquella tarde que pasaría al lado de mis amigas. Ahora, no obstante, había una pregunta que rondaba mi cabeza desde que Kristen salió por la puerta.
—¿Por qué te dijo que te alejaras de Alex? —preguntó Aly, sacando a la luz la nueva pregunta que comenzaba a torturarme.
—No tengo la menor idea.
—Es muy extraño, ¿no? ¿Crees que sea alguna novia suya, o…?
—Aly, no quiero ser grosera, ¿sí? —la interrumpí antes de que siguiera diciendo en voz alta las teorías que poco a poco se formaban en mi cabeza—, pero Kristen no es un tema del que quiera hablar ahora.
Ella me miró perspicazmente.
—De acuerdo, entiendo.
—Ya no hablemos de esa tipa, ni siquiera vale la pena —intervino Adri—. Deberíamos irnos, a menos que quieran pasar la noche de chicas en el baño de la escuela.
Salimos de ahí, Aly todavía despotricando algunas cosas en contra de Kristen, y nos separamos. Aly fue al taller de fotografía a recoger unas cosas sobre un proyecto que estaba realizando y Adri se fue a su casa no sin antes prometer que llegaría a mi casa unas horas después junto con su prima Katherine. Yo me fui al estacionamiento y me quedé junto al auto de Chris, esperando a que llegara para poder irnos a casa, cuando lo que vi aumentó las dudas que se extendían como niebla por mi mente.
Alex caminaba hacia su deportivo negro, situado en el rincón más apartado del estacionamiento, en compañía de Kristen. Su semblante era muy diferente a cualquiera que hubiera visto antes: no era el Alex dulce que me encantaba, ni el frío y distante que me lastimaba, no. Ahora, su rostro tenía un aire de oscuridad que me sorprendió y se veía bastante molesto, furioso a decir verdad. Kristen caminaba detrás de él, pisándole los talones y llevaba una sonrisa burlona de satisfacción. Él subió a su auto, azotando la puerta, ella hizo lo mismo, subiendo del lado del copiloto. Después el auto arrancó y salió de la escuela.
Pese a todos mis esfuerzos por olvidarme del tema, no pude evitar pensar que había algo muy raro en todo aquello. ¿Quién rayos era Kristen? ¿Por qué Alex se había molestado tanto al saber que yo no le había dicho que ella lo buscaba? ¿Por qué de haber estado a nada de besarme, había actuado tan distante y frío nuevamente, cuando ella apareció? ¿Por qué ella me había dicho que me alejara de él? “Una ex novia suya”, las suposiciones de Aly resonaron nuevamente por mi mente y, pese a que no quisiera admitirlo, me dolía la idea de que eso pudiera ser cierto. Todo apuntaba a que había algún tipo de relación entre Kristen y Alex y sin embargo, había algo que seguía sin encajar en todo este rompecabezas sin respuesta: la reacción de mi abuela al ver a Alex y el libro antiguo que ahora estaba en mi habitación. No tenía la menor idea de cómo podría estar eso relacionado con toda esta situación y aún así, algo dentro de mí me decía que había una relación muy estrecha entre todo aquello, aunque yo aún no descubría cuál era. Decidí que cuando la noche de chicas terminara, me pondría a leer el libro de mi abuela para así ponerle fin a todo eso que me tenía la cabeza hecha una maraña.

—¿Noche de chicas? —preguntó Chris, mientras conducía su auto de vuelta a casa.
—Sí. Hoy tendrás la casa llena de chicas —dije entre risas.
Mi hermano solo río y negó con la cabeza.
—Es una suerte que ya tenga planes.
Yo lo miré con cierta intriga.
—¿Ah sí?
—No esperarás que me la pase el resto del año enfrascado contigo y tus amigas, ¿oh sí? —reí un poco—. No es que me caigan mal, Aly y Adri son geniales; es sólo que yo también necesito mi “tiempo de chicos”.
—¿Y qué harás hoy, entonces?
—Saldré con Austin y Drew a pasar el rato, ya sabes. Creo que iremos al billar o algo así.
Esos nombres me sonaron familiares. Si mi memoria no me fallaba, ellos eran amigos de Diego y me pareció extraño que decidieran hablarle a Chris después de que les diera la espalda. Diego se había portado como un niño berrinchudo y les había prohibido a todo su grupo de amigos que le hablaran a mi hermano después del pleito que tuvieron.
—¿Qué ellos no son amigos de Diego? —pregunté en voz baja.
—Más bien lo eran —Chris hizo una pausa—. Verás, Steph, da la casualidad de que yo no soy el único que está en desacuerdo con muchas de las cosas que Diego hace. Austin y Drew se dieron cuenta de que no son tan patanes como él y que no tienen que obedecerlo en todo lo que les manda.
—Con eso te refieres a que ignoraron el hecho de que les prohibiera hablar contigo.
—Así es. La verdad es que ellos son buenos tipos y siempre nos llevamos bien, supongo que creyeron que no valía la pena dejarme de hablar sólo por un capricho de Diego.
—Eso a Diego no le va a gustar —canturreé.
—Como si eso nos importara. Lamento decirlo, pero creo que el reinado de Diego está a punto de llegar a su fin.
—Merecido se lo tiene. Es un completo imbécil.
Lo que quedó de camino continuamos hablando de Diego y entre una y otra broma mencionamos lo patán que era. Chris intentó que le contara qué había pasado cuando Alex me llevó ayer a casa y por qué no lo había visto cuando llegó, pero yo le cambié el tema y él se dio cuenta de que no quería hablar de eso, así que no insistió. Eso era algo que amaba de mi hermano, siempre sabía si algo me molestaba y sabía respetar cuando no quería hablar de eso.
Cuando llegamos a casa, le conté a mi madre sobre la “noche de chicas” y ella se mostró entusiasmada ante la idea. Tenía tiempo que no veía a mis amigas y le agradó la idea de que pasaran la noche en la casa. Después de comer, salió a comprar algunas botanas y se puso a preparar bocadillos para nosotras.
Eran las siete de la noche cuando tocaron a la puerta. Me asomé por la ventana y vi el coche de Aly estacionado justo al frente de mi casa.
—¡Noche de chicas! —gritó Aly en cuanto abrí la puerta.
—Qué puntuales —comenté entre risas.
—Ya conoces a Alyssa —dijo Adri, entrando detrás de Aly—, cuando se trata de fiestas siempre es la primera en llegar —después se dirigió a la chica de cabello castaño rojizo que venía detrás de ella—. Ella es mi prima Kath, ¿la recuerdas?
Miré a la chica que acababa de entrar a mi casa. Habían pasado varios años desde la última vez que vino a visitar a Adri y aquella vez no la había visto mucho. Sin embargo, el tono castaño rojizo de su cabello, sus ojos marrones y el tono rosado de sus mejillas me resultaban familiares.
—Katherine —dije sonriendo—, ¿cómo has estado?
—Muy bien, gracias —respondió cansinamente—. Stephanie, ¿cierto?
—Así es, pero puedes llamarme Steph, si quieres.
—Está bien, Stephanie.
De acuerdo, o mi paranoia iba en aumento o la prima de Adrienne me parecía un poco extraña. La verdad era que no la conocía y no sabía nada en absoluto de ella, pero eso no quitaba el hecho de que algo en ella no me agradara del todo. La mueca de su rostro indicaba que estaba en mi casa casi a fuerzas y ese era un detalle que no me gustaba. Decidí dejar mis especulaciones a un lado y solamente divertirme con mis amigas, tal y como estaba planeado.
Pasamos a la sala y Aly comenzó a poner una película que había traído.
—No sabes lo buena que fue tu idea de venir a tu casa y no a la mía, Steph.
—¿Por qué lo dices?
—Mi hermano estaba de un humor de los mil demonios.
—Eso no es raro en Diego —comentó Adri.
—Lo sé, pero hoy estaba peor. Creo que unos de sus amigos ignoraron su advertencia de no hablarle a Chris y se puso furioso por eso.
—Sí, él me contó algo sobre eso. De hecho hoy saldrá con ellos, creo.
—¿Cómo? —preguntó Adri—. ¿Chris no está?
—No sé, creo que se fue desde hace rato. Iban a ir al billar, según me dijo.
—Ni modo Adri, tendrás que esperar otra oportunidad para poder ver al hermano de Steph mientras duerme —Aly soltó una fuerte risotada.
—¿De qué hablan? —preguntó Katherine.
—Tu prima está enamorada del hermano de Steph, le encanta —dijo Aly con malicia.
—¡Eso no es verdad! —refunfuñó Adri.
—Claro que lo es, no sé por qué te empeñas tanto en negarlo.
—No le hagas caso, Kath. Aly vive en un delirio total.
—Bueno, bueno —intervine—, no empecemos a pelear, chicas. Mejor vamos a ver la película, ¿sí?
Resultó que la película que Aly había traído era sobre zombies. La trama era buena y hubiera sido excelente de no haber tenido escenas tan explícitas de los zombies matando y desmembrando a las personas. Había sangre y cuerpos destrozados por todas partes y, cuando la película terminó, todas estábamos con el estómago revuelto. Decidimos subir a mi habitación, aunque Katherine tuvo que salir al baño unos minutos después para devolver los bocadillos que había comido durante la película.
—Tu prima tiene estómago débil —le dijo Aly a Adrienne.
—No es su culpa que tu película resultara una lección de las diferentes maneras en que puedes desmembrar a alguien.
—Como sea, quiero aprovechar que Katherine se fue para hablarte de algo, Steph.
La seriedad con la que dijo eso me preocupó.
—¿Qué pasó?
—¡Alyssa! —Adri la reprendió—. Quedamos en que no le dirías nada.
—¿Nada sobre qué?
—Tengo que hacerlo Adri. Es más que obvio lo que Steph siente por Alex y no es justo que se siga ilusionando.
Esas últimas palabras me taladraron por dentro. ¿Sería posible que todas las especulaciones que me había hecho sobre Alex y Kristen resultaran ciertas?
—¿Me pueden decir de qué rayos están hablando?
Adri soltó un suspiro de resignación.
—Entonces le vas a contar.
—¿Contarme qué?
—Steph —Aly llamó mi atención—, ¿recuerdas que antes de irme a mi casa fui al taller de fotografía a recoger unas cosas?
—¿Qué tiene que ver eso con…?
—Yo entré al cuarto oscuro que está justo a un lado a recoger unas fotos que estaba revelando, cuando escuché que alguien entró al salón.
—¿Alguien?
—Por las voces me di cuenta de que eran Alex y esa chica, Kristen.
—Lo que Aly está diciendo —interrumpió Adri, exasperada—, es que se puso a espiar una conversación que no tenía que haber escuchado.
—Yo no espié a nadie —se defendió Aly—. No es mi culpa que ellos entraran al salón cuando yo estaba justo al lado ni que se estuvieran hablando casi a gritos.
—¿Casi a gritos? —pregunté intrigada—. ¿Estaban discutiendo?
—Más que eso, yo diría que se estaban comiendo vivos.
—¿Por qué? ¿Qué escuchaste?
—De acuerdo —ella suspiró—. Te contaré todo tal y como lo escuché y después tu puedes formar tus propias teorías, ¿sí?
—¿Qué escuchaste?
—Ambos entraron al salón y por el sonido de su voz parecían molestos, sobre todo Alex. Él le preguntó a Kristen cómo lo encontró y ella sólo se río, le preguntó si no le daba gusto verla y él le respondió que lo último que quería era tenerla a ella en su vida —Aly hizo una pausa.
—¿Y después?
—Después… ella le dijo que jamás iba a desaparecer de su vida porque tenía una promesa, una promesa por toda la eternidad. Alex enfureció, le gritó que se callara pero ella —tragó saliva—, ella le dijo algo que aún no puedo creer.
—¿Qué cosa le dijo?
—A mi parecer fue muy cruel con él, parecía que lo estaba torturando.
—¿Por qué? Aly, ¿qué le dijo Kristen a Alex?
Después de algunos momentos Aly contestó en voz muy baja:
—Le dijo que tenía que asumir la responsabilidad de sus acciones, que… Dios aún no lo creo.
—¡Por el amor de Dios, Alyssa! —mi desesperación estaba por llegar a su límite—. Dime de una vez qué le dijo Kristen a Alex.
—Le dijo que él era el que había matado —respondió ella en un susurro bajo.
Eso me cayó como bomba de agua fría, ¿Alex mató a alguien?
—Lo peor es que Alex terminó de estallar después de eso —continuó—. Se puso como una fiera y le gritó que sabía muy bien por qué lo había hecho.
—No puede ser…
No pude articular gran palabra. ¿Alex un asesino? Simplemente no podía creerlo, aunque quizás esa fuera la razón por la que él se empeñaba en decir que no era bueno para mí, tal vez de alguna manera que no comprendía mi abuela sabía lo que Alex había hecho y por eso lo había corrido de mi casa. De repente las cosas comenzaron a encajar en su sitio y la posible solución al rompecabezas que formaba mi mente me hizo preferir seguir ignorando las cosas.
—Yo me negaba a creerlo —dijo Aly—, pero si hubieras escuchado cómo se puso… ese Alex que hablaba con Kristen parecía perfectamente capaz de asesinar a alguien.
—Mira Steph —intervino Adri—, no sé qué motivos tendría Alex para hacer lo que hizo, pero si lo que Aly escucho es cierto, lo mejor es que te alejes de él. Ya demostró que es inestable al estar bien contigo y a los cinco minutos ignorarte por completo.
Esa era toda la verdad, lo que Adri dijo no era más que la verdad. Alex era inestable y lo había confirmado aquella mañana, cuando había estado a punto de besarme y de la nada había dicho que no era nadie importante. Una parte de mí se negaba a creer que Alex fuera un asesino, pero por otra parte, algo en mí sabía que ésa era la verdad. No podía decir cómo, pero en el fondo sabía que todo lo que había dicho Aly era la verdad.
Me dolía admitirlo pero mis amigas tenían razón, lo mejor era alejarme de Alex y eso era precisamente lo que iba a hacer.

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