Stephanie, la típica chica normal que vive el último año de preparatoria antes de partir a la universidad. Grandes sorpresas la aguardan con la llegada de Alexander, un chico nuevo que inmediatamente se gana el corazón y la atención de todas las chicas del colegio, y el odio y la envidia de los chicos. Juntos, se verán envueltos en un romance lleno de peligros y emociones, todo provocado por la verdadera identidad de Alexander, que Stephanie desconoce, y el pasado de la familia de ella.
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Sólo soy una simple chica son sueños de convertirme en escritora. Esta es una historia original y sacada de mi imaginacion, cualquier historia parecida es una copia. Los personajes aqui utilizados para ilustrar la historia son simplemente con fines decorativos, la novela no tiene absolutamente nada que ver con la serie "The Vampire Diaries".
Crónicas De Un Amor Condenado. Capitulo 5
Autor: StephSalvatore | jueves, 20 de octubre de 2011
—¿Estás segura de que a tu madre no le importará que haya venido sin avisar?
Alex me miraba con recelo, mientras atravesábamos el jardín en dirección a la puerta de mi casa.
—Claro que no. Ella no es así. Además a estas alturas ya debe saber que estás aquí.
Él me miró sin comprender.
—Si conozco bien a mi madre, a esta hora debe de estar terminando de preparar la comida. Estoy segura de que debió ver tu auto por la ventana de la cocina —añadí con una ligera risa.
Alex giró la cabeza y lanzó una mirada al deportivo negro que estaba estacionado frente a mi casa.
—Llama un poco la atención, ¿no? —preguntó con la voz un poco avergonzada.
—Mentiría si dijera que no.
—Tal vez debería cambiarlo —murmuró más para sí mismo que para mí.
—¿Para pasar desapercibido? —él me miró—. Alex ni siquiera conduciendo un auto invisible podrías lograr eso.
Ambos reímos mientras yo abría la puerta de la casa.
—Las damas primero.
Hizo una inclinación con la cabeza y sonriendo, entré a mi hogar. Él entró después y cerró la puerta tras él.
—Es una linda casa —dijo mirando alrededor. Sus ojos se posaron en cada uno de los rincones de la estancia y después se fijaron en mí—. Bien dicen que todo se parece a su dueño.
—¿Steph? —la voz de mi madre me llamó desde la cocina.
Yo me dirigí a su encuentro y con la mirada le indiqué a Alex que me siguiera. Él asintió sonriendo y caminó detrás de mí hacia la cocina.
—Llegaste temprano —me recibió mi madre cuando ambos entramos en la cocina. Sus ojos rápidamente se fijaron en Alex y después regresaron a mí.
—Terminamos antes y la profesora nos dejó salir —dije rápidamente.
No tenía la más mínima intención de contarle a mamá sobre lo que había pasado en la cafetería, así que me apresuré a cambiar el tema.
—Mamá, te presento a Alex —añadí mirándolo—. Es nuevo en el colegio.
Alex dio un paso al frente y extendió su mano ante mi madre.
—Alexander Slade, para servirle —saludó en un tono increíblemente educado.
Mamá esbozó una sonrisa y estrechó suavemente su mano.
—Paula Jensen, un gusto. Puedes llamarme solamente Paula, si quieres.
—Agradezco su ofrecimiento —respondió Alex besando el dorso de la mano de mi madre—, pero una dama como usted merece todo mi respeto.
Ella lo miró sorprendida y después sonrió.
—Vaya, un chico educado. Me agradas, Alexander.
Él sonrió e hizo una inclinación con la cabeza en señal de agradecimiento.
—Agradezco sus palabras, señora Jensen.
—Steph, ¿y tu hermano?
—Emm… se quedó con Diego, ya sabes —hice una ligera pausa—. Aman el fútbol. ¿Quieres que ponga la mesa? —pregunté, cambiando el tema.
—Gracias hija, yo los llamaré cuando la comida esté lista.
—Yo te ayudo —se ofreció Alex.
Saqué unos platos y vasos de la alacena más cercana, le di algunos a Alex y después ambos nos dirigimos al comedor.
—Tu madre es agradable —dijo mientras colocaba los platos en su lugar.
—Eso dices porque apenas la conoces —dije entre risas.
—Siendo tu madre, no puede ser tan mala.
Yo iba a responder cuando se escuchó el sonido de la puerta. Segundos después, Christian entró al comedor.
—Ahí estás Steph —suspiró aliviado.
—¿Dónde más se supone que debería estar?
—No lo sé. Te buscamos después de lo de la cafetería… —dejó la frase a medias. Era evidente que no quería tocar el tema.
Entonces su mirada se fijó en Alex y no pudo evitar ocultar una mueca de sorpresa.
—Creo que lo mejor es que me vaya —susurró Alex.
—No tienes por qué hacerlo —respondió Christian—. Supongo que mi hermana te invitó así que puedes quedarte si lo deseas.
—Creía que tu amigo les prohibió hablarme.
—Tengo el suficiente cerebro como para tomar mis propias decisiones. Además, dudo que después de hoy Diego siga siendo mi amigo.
Tanto Alex como yo lo miramos con sorpresa. ¿Chris había dejado a su mejor amigo del alma?
—El modo en que te trató hoy fue despreciable —explicó mirándome, con una sombra de pesar en los ojos—. Yo no puedo ser amigo de alguien que trata a mi hermana de esa manera.
—Vaya, hasta que te das cuenta —solté sin miramientos.
—Sé que tal vez tengas una imagen incorrecta sobre mí —continuó mi hermano, dirigiéndose esta vez a Alex—, pero yo no tengo nada en tu contra. Pienso de una manera muy diferente a como lo hace Diego.
Alex sonrió.
—Es bueno saber que no todos son tan idiotas.
Chris rió ante el comentario.
—Creo que no nos han presentado oficialmente —extendió la mano ante Alex—. Soy Christian pero todos me dicen Chris.
—Alexander —respondió éste, estrechando la mano de mi hermano—, pero puedes llamarme Alex.
Yo no pude evitar sonreír ante la escena que se estaba llevando a cabo frente a mí. Alex y Chris, hablando como personas normales sin discusiones, incluso como amigos. No supe por qué, pero ese hecho me llenaba de alegría.
—Chris, que bueno que llegaste —exclamó mi madre al tiempo que entraba al comedor cargando una olla—. ¿Qué tal estuvo el partido?
—¿El partido?
Christian me miró y yo le lancé una discreta mirada de advertencia, dándole a entender que mamá no sabía nada del incidente de la cafetería.
—Ah, el partido. Estuvo divertido, ya sabes.
—Qué bueno que llegaste a tiempo para la comida. Siéntense, ya está lista.
—Permítame ayudarle.
Alex se acercó a mamá y tomó la olla que ella sujetaba entre sus manos.
—Gracias Alex, es muy gentil de tu parte —mi madre lo miró sonriendo y él le devolvió la sonrisa.
—No es nada —Alex miró la olla que tenía en las manos y después observó a mamá—. ¿Me equivoco o usted cocinó un delicioso espagueti a la boloñesa?
—Así es —mi madre asintió al tiempo que servía una porción de espagueti en cada plato—. Si no te gusta tengo un poco de pollo en el refrigerador que puedo calentarte.
—No se preocupe —Alex esbozó su sonrisa angelical que tanto me gustaba—. La comida italiana es mi favorita.
Cuando mamá terminó de servir, él llevó la olla de vuelta a la cocina y después se sentó a comer con nosotros, ocupando el lugar que estaba a mi derecha.
—Chicos, ¿qué tal estuvo la escuela? —preguntó mi madre antes de engullir un bocado de espagueti.
—Estuvo interesante —fue todo lo que respondí.
—Hace mucho que no veo a Diego ni a Alyssa, ¿cómo están ellos?
Yo me atraganté con el espagueti que tenía en la boca.
—Están bien, ya sabes.
—Me gustaría verlos de nuevo, ¿por qué no los invitan a comer un día?
—Alex, ¿por qué no nos cuentas de dónde vienes? —preguntó mi hermano en un afortunado intento de cambiar el tema. Yo lo miré agradecida.
—Pues vengo de Inglaterra —respondió el aludido, mirándome.
—Oh, ¿entonces eres inglés? —preguntó mi madre, interesada en el tema.
—No precisamente. Pasé la mayor parte de mi vida en Inglaterra pero originalmente nací en una provincia cerca de aquí.
—Alex es de Salem —expliqué.
—¿De Salem? —preguntaron mi madre y mi hermano al unísono.
Alex asintió.
—Así es.
—Interesante lugar. Nosotros tuvimos antepasados allí —añadió mi madre.
Chris y yo la miramos sorprendidos.
—¿De verdad?
Esta vez fue mamá la que asintió.
—Mi abuela solía contarme historias de antepasados que vivieron en Salem en tiempos de la caza de brujas. Al parecer fueron los principales causantes de la quema de algunas.
—No mientas mamá —espetó Chris.
—No estoy mintiendo —mamá lo miró severamente—. Me hubiera gustado que conocieras a mi abuela y escucharas esas historias de su propia boca.
—¿En serio tuvimos antepasados en Salem? —pregunté con la voz llena de curiosidad.
—Según tu abuela sí.
—¿Puedo saber cuál era el nombre de sus antepasados? —preguntó Alex.
Todos lo miramos con curiosidad.
—Mis padres también me contaron la historia de nuestra familia en Salem y al parecer es bastante larga —se explicó—. Tal vez llegaron a mencionar a su familia.
—Mi abuela lo mencionó —mi madre habló en voz baja—. Creo que era —hizo una pausa—, espera deja lo recuerdo… creo que su apellido era Black o algo así.
De pronto se escuchó el sonido de cristal rompiéndose y Alex se levantó de golpe de la mesa. Su vaso se había caído y se había roto en pedazos.
—Lo lamento —se disculpó él.
—No te preocupes —mi madre se levantó de su silla—. Déjame limpiar eso.
—No, déjeme hacerlo yo. Yo lo rompí.
Levantó con cuidado los trozos de vidrio y se dirigió a mi madre.
—¿Puede decirme dónde tirar esto?
—En la cocina hay un bote de basura, puedes tirarlos ahí.
El resto de la comida transcurrió sin más charlas ni percances. No supe si eran alucinaciones mías, pero al parecer Alex se había comportado mucho más distante desde el incidente del vaso. No volvió a pronunciar palabra y ni siquiera se ofreció con su habitual caballerosidad a ayudar a mi madre con los trastos sucios una vez que terminamos de comer.
—Creo que es hora de que me vaya.
—¿Ya tan pronto? —pregunté con la voz algo desilusionada sin saber por qué.
—Sí, tengo cosas que hacer. Disculpen.
—Está bien. Entiendo.
—Gracias por la comida, señora Jensen —dijo dirigiéndose a mi madre.
—Gracias a ti por acompañarnos, Alex —respondió ella con una sonrisa.
—Fue un gusto conocerte —dijo Chris.
—Lo mismo digo.
Alex caminó hacia la entrada y lo seguí. Abrió la puerta y se detuvo en el umbral antes de marcharse.
—Gracias por todo, Steph.
—Al contrario Alex, gracias a ti.
—De verdad Steph, en verdad gracias por todo —dijo en un tono que me sonó como si se estuviera despidiendo y nunca más fuera a volverlo a ver.
—¿Por qué me hablas así? —lo miré extrañada.
—¿Así cómo?
—Como si te estuvieras despidiendo para siempre.
—Por nada —respondió en medio de un suspiro—. No es nada, olvídalo.
—Alex, ¿estás bien?
—¿Por qué no habría de estarlo?
—No lo sé —dije en voz baja—. Te noto raro.
—Estoy bien, no te preocupes.
Él hablaba con su habitual sonrisa en el rostro, pero había cierto tono de amargura en su voz que no me gustó para nada.
—Ya debo irme. Fue un gusto, Steph.
—Espero que vuelva a repetirse pronto.
—No tienes idea de cuánto me gustaría eso.
Alex suspiró y besó mi mejilla lenta y dulcemente. Después dio la vuelta y se alejó, atravesando el jardín en dirección al deportivo negro. Yo me quedé ahí, recargada en el marco de la puerta, mientras lo miraba subir a su auto y alejarse por la calle.
No supe por qué, pero un gran nudo se me formó el estómago. Tenía la desagradable sensación de que esa despedida había sido para siempre y eso era algo que me inquietaba demasiado.
Mi día siguiente comenzó de forma bastante abrumadora. Apenas pusimos un pie en la escuela, la mayoría de las miradas se posaban en mi hermano y en mí, mientras recorríamos los pasillos rumbo a nuestra primera clase.
—¿Es que no pueden ser más obvios? —preguntó Chris, quien caminaba a mi lado mirando alrededor.
—Al parecer no —respondí un poco irritada—. Es obvio que después de lo de ayer tú y yo somos el principal centro de atención.
—De cierto modo entiendo que tú lo seas, ¿pero yo?
—Christian, siempre fuiste el mejor amigo de Diego. Es obvio que a todos les sorprende no verte pegado a él como solías hacerlo.
—Ya te dije que después de lo de ayer no pienso seguir siendo su amigo —dijo con un tono de rencor en la voz—. Le he aguantado mucho pero ayer sí sobrepasó los límites.
—Me alegra ver que al fin viste la luz —dije con una sonrisa.
—Diego puede ser mi mejor amigo —continuó—, pero tú eres mi hermana y para mí estás antes que cualquier otra cosa.
No pude evitar abrazarlo al escuchar sus palabras.
—Vaya, parece que alejarte de Diego saca a flote tu lado sentimental —bromeé.
—Anda, búrlate si quieres—respondió riendo—. Pero si no te cuido yo, ¿quién lo hará entonces?
—Sabes que por eso te quiero, hermano —dije al tiempo que besaba su mejilla y alborotaba un poco su cabello.
—A veces parece que yo soy el mayor.
—Chris, somos mellizos —puntualicé riendo—. Tenemos la misma edad,
—No es verdad, tú eres cinco minutos más grande que yo.
—Wow, gran diferencia —añadí con sarcasmo.
—Por cierto, Steph, ahora que recuerdo —dijo haciendo una pausa—, prepárate para ser linchada.
Yo lo miré sin comprender.
—Ayer Aly y Adrienne me trajeron como loco buscándote por toda la escuela. Estaban más que preocupadas.
—Discúlpame por eso —dije suspirando—, después de lo que pasó sólo quería estar sola.
—Sí, tan sola que terminaste con Alex en la casa —añadió en tono sarcástico.
No pude evitar ruborizarme un poco ante el comentario.
—Eso tiene una explicación.
Mi hermano me miró curioso, levantando una ceja.
—Ya te dije que ayer quería estar sola y me oculté en el estacionamiento. Por casualidad Alex me encontró y nos pusimos a platicar. Después lo invité a la casa a comer y el aceptó.
—Sí, por casualidad —de nuevo el tono sarcástico en su voz estaba presente.
—No me creas si no quieres —puse los ojos en blanco.
—¿Sabes algo? —Chris me miró con una sonrisa traviesa— Me habría gustado ver su cara al llamarlo “cuñado”.
—¡No te atrevas, Christian Jensen! —exclamé empujándolo.
—Calma, calma. No lo haré —añadió riendo—. Pero no sé, puede que un día se me salga sin querer y…
—Ni se te ocurra —lo interrumpí mirándolo con los ojos entrecerrados—. Te juro que si lo haces tendrás que aprender a dormir con los ojos abiertos.
Él abrió la boca pare decir algo, pero entonces alguien gritó mi nombre y ambos volteamos a ver quién era.
—¡Steph ¡Ahí estás!
—¿Dónde rayos te habías metido, niña?
Aly y Adrienne caminaban hacia mí y ambas me miraban con gesto acusador. Miré a mi hermano y el me devolvió la mirada susurrando:
—¿No te lo dije?
—¿Se puede saber dónde has estado? —preguntó Adri una vez que estuvieron frente a mí, con un tono de voz que me recordó los regaños de mi madre—. ¿Por qué no contestaste nuestros mensajes?
—Este…
La verdad era que después de abandonar la cafetería, había apagado mi celular porque no quería hablar con nadie. Me había olvidado de encenderlo nuevamente, recordándolo apenas hasta esa mañana. Al hacerlo, enseguida aparecieron los cientos de mensajes y las miles de llamadas perdidas de mis amigas.
—Lo lamento —susurré débilmente—. Tenía el celular apagado.
—¿Dónde rayos estabas? —preguntó Aly—. Después de tu huida de la cafetería nos dejaste muy preocupadas.
—Lo lamento —repetí—. Les juro que no fue mi intención.
—Y bueno, ¿dónde estabas? —volvió a preguntar Adri en su mismo tono autoritario.
—En mi casa, ¿dónde más?
—En casa con Alex —puntualizó mi hermano en voz baja que todos escuchamos perfectamente.
Mis dos amigas me miraron cuestionándome.
—¿Con Alex? —preguntaron al unísono.
—Sí —respondí resignada y les conté toda la historia, desde mi huida al estacionamiento y mi encuentro con Alex, hasta la comida en mi casa.
—Entonces lo de ustedes va en serio —dijo Aly.
—¿Lo de nosotros? —pregunté sin entender—. Alex y yo sólo somos amigos.
—Amigos que se gustan demasiado —puntualizó Adri.
Yo me limité a resoplar y a poner los ojos en blanco.
—Vamos Steph —agregó Aly, exasperada—. ¿Por qué te empeñas en negar algo que es más que evidente?
—¿Y qué quieres que les diga? ¿Qué Alex me gusta?
—Sí —respondieron a la vez Chris, Aly y Adri.
—¿Y si así fuera, qué?
—¡Entonces sí te gusta! —exclamó Aly.
—Un poco —musité avergonzada.
—Un mucho —añadió Chris, a la vez que reía.
—Y hablando del rey de Roma…
Adri hizo un gesto con la cabeza, señalando a la derecha. Seguimos la dirección que nos indicaba con la mirada y vimos a Alex caminando hacia donde estábamos, con la cabeza baja.
Yo no pude evitar sonreír al verlo y lo miré esperando que me saludara cuando pasara a mi lado, pero él sólo pasó de largo sin proferir alguna palabra y entró en el salón.
—¿Se pelearon? —preguntó Aly, igual de extrañada que los demás.
—En realidad no —respondí con el mismo tono de confusión.
—¿Entonces por qué no te saludó?
—Tal vez no me vio —dije esperando que fuera cierto.
—Lo más seguro es que iba distraído y no nos vio —intervino Adri.
—Sí, es lo más seguro —repetí, tratando de convencerme más a mí que a los demás—. Entremos a clase, el señor Thompson ya debe estar adentro.
Entramos al salón y efectivamente, el profesor ya se encontraba allí, sentado detrás de su escritorio leyendo un libro mientras esperaba a que llegara el resto de los estudiantes.
Mi mirada se dirigió inmediatamente al rincón del aula donde Alex ya ocupaba su lugar habitual. Al igual que el profesor, se encontraba enfrascado en la lectura de un libro y ni siquiera levantó la mirada cuando entramos al lugar.
Me senté en la banca libre que estaba a su derecha y lo saludé de forma alegre:
—Hola, Alex.
Él levantó la mirada de su libro y me miró por un leve instante.
—Hola —fue todo lo que dijo antes de continuar con su lectura.
Intercambié una mirada de extrañeza con Adri, sentada a mi derecha. Esa actitud tan distante no era habitual en Alex. Lo habitual era que me dedicara una de sus hermosas sonrisas, no ese frío y cortante saludo.
—¿Te pasa algo? —le pregunté.
—Nada —contestó encogiéndose de hombros, sin apartar la vista del libro.
Nuevamente volví a mirar a Adri y me di cuenta de que tenía la misma cara de confusión que yo. Definitivamente algo le pasaba a Alex, ese chico sentado a mi izquierda no tenía absolutamente nada que ver con el chico que yo conocía.
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