Crónicas De Un Amor Condenado. Capitulo 4

Autor: StephSalvatore | jueves, 13 de octubre de 2011



La cafetería se encontraba abarrotada como siempre y la mayoría de estudiantes miraba a una de las mesas más apartadas del lugar, cerca de la ventana. Un chico bastante atractivo y vestido de negro era su único ocupante y parecía absorto de su entorno. Únicamente se concentraba en comer y mirar frecuentemente por la ventana a su lado, ajeno al hecho de que casi todas las miradas estaban fijas en él.
—¿Se ve bastante solitario, eh? —inquirió Adrienne con la mirada fija en el mismo punto que la mayoría de las personas en la cafetería.
—Es raro —suspiró Aly—. Siendo tan guapo como es y tan intrigante nadie se anima a sentarse con él, ni siquiera yo.
—Tal vez sea por temor a tu hermano, Aly.
—¿Temor a Diego? —pregunté sin entender.
—Sí. Ya sabes lo que nos dijo en la mañana a todos los que estábamos en el pasillo.
—¿Qué cosa les dijo?
Aquella mañana me había quedado dormida y se me había hecho tarde. Llegué barriéndome a la escuela con el tiempo justo antes de que me dieran con la puerta del aula en la cara.
—La verdad fue bastante idiota —explicó Aly con el ceño fruncido mientras buscábamos una mesa—. No le habló a nadie en particular, pero exclamó con una voz fuerte que todos oímos que si no queríamos problemas, lo mejor era mantenernos lejos del chico nuevo.
—¡No pudo haber hecho algo tan ridículo! —exclamé indignada, con la voz tan fuerte que llamé la atención de los que se encontraban cerca de nosotros.
—Baja la voz Steph —susurró Adri mirando alrededor—. Sí lo hizo y la verdad yo creo que es algo demasiado infantil.
—¡Y lo es! Mira que prohibirle a todos que le hablen a Alex, eso es del jardín de niños.
—Lo sé Steph, pero ya sabes como es mi hermano —Aly negó con la cabeza en tono de reproche—. Aquí es, como dirían, el macho alfa y nadie se atreve a contradecirlo por temor a que él o alguno de sus amigos le den una paliza.
—¿Y por qué no le dijiste nada?
—¿Crees que no lo hice? A pesar de todo él sigue siendo mi hermano mayor y haga lo que haga no me hace el menor caso.
Nuevamente dirigí la mirada hacia Alex, solo en aquella mesa. Sentí rabia de que los demás se apartaran por temor a un idiota como Diego cuando él era un chico bastante genial y amable. No dudé ni un minuto y me encaminé hacia aquella mesa junto a la ventana, atrayendo las miradas de todos.
—Steph, ¿a dónde vas? —susurró Adri.
—A desafiar al macho alfa —dije con sorna y seguí caminando.
No pude evitar mirar hacia la mesa donde estaban Diego y sus amigos. Él me miraba sorprendido y su expresión pronto cambió para expresar furia. Miré a mi hermano y obviamente él también me miraba. Asintió levemente con una ligera sonrisa de complicidad en el rostro.
—Hola Alex —dije un poco nerviosa cuando estuve frente a él.
Él apartó la vista de la ventana y me miró, primero algo sorprendido, pero después su expresión dio lugar a una sonrisa.
—Steph —saludó levantándose de su silla—. ¿Quieres sentarte?
—Gracias —respondí con una sonrisa.
Alex jaló la silla que estaba junto a él sin dejar de sonreír y yo la ocupé. Después volvió a su asiento.
—¿Y a qué se debe el honor de tu visita?
—¿Te molesta que esté aquí?
—Por supuesto que no —negó con la cabeza y sus ojos azules se fijaron en los míos—, tu compañía es bastante placentera.
Nuevamente me ruboricé como solía hacerlo estando en su presencia.
—Sólo me sorprende que quisieras sentarte aquí, en vista de la actitud que toman todos conmigo —señaló la cafetería con la cabeza.
—Bueno es que… —la voz me tembló— eres el chico nuevo y aún no te conocen.
Qué manera tan deplorable de mentir la mía. Ni la persona más crédula del mundo habría creído la mentira que acababa de decir.
Alex sólo se limitó a reír un poco.
—¿Sabías que eres muy mala mintiendo? —nuevamente me ruboricé—. No te preocupes, sé muy bien que la razón de que todos me eviten es el futbolista que se encuentra por allá.
Señaló con la cabeza la mesa donde estaba Diego, quien nos miraba con los puños cerrados y los ojos llenos de coraje.
—Emm… —no supe qué decir ante lo evidente y sólo suspiré.
—No te preocupes —repitió con la voz tranquila—. No suelo preocuparme por idiotas como él y para serte sincero, me tiene sin cuidado si los demás le hacen caso o no.
—La actitud de Diego es bastante infantil —reproché.
—En efecto, lo es —Alex asintió—; pero te repito no me importa en lo más mínimo que los demás le hagan caso. Aunque debo admitir —acortó un poco su distancia conmigo—, que me alegra sobremanera que tú no lo hayas hecho.
Yo evadí su mirada y respondí en un intento de ocultar la sonrisa que luchaba por formarse en mi rostro ante sus palabras:
—Necesitaría estar retrasada mentalmente para seguir las niñerías de Diego.
—¿Sabes qué es lo que no entiendo? —me miró fijamente—. Tal vez esté equivocado pero al parecer le molesta demasiado que seas precisamente tú quien esté sentada aquí conmigo.
Ambos dirigimos la mirada hacia su mesa y lo vimos hablando en voz baja con sus amigos. Por la manera en que nos miraban supuse que estaban planeando algo contra Alex y supe que mis sospechas eran ciertas cuando vi a Chris negar con la cabeza en señal de desaprobación.
—Creo que tienes razón —dije en medio de un resoplido—. Al parecer Diego piensa que soy de su propiedad o algo por el estilo.
Alex enarcó una ceja.
—¿Hay alguna razón para que piense eso?
—Emm… bueno… él y yo salimos hace unos meses —respondí, evitando su mirada,  sin saber por qué me avergonzaba admitir frente a Alex que había salido con Diego.
Él no pudo disimular su sorpresa y sus ojos azules se abrieron de par en par.
—Oh, bueno… entonces supongo que después de todo algo bueno debe de tener —dijo con una risita que no supe si fue de burla o para ocultar su sorpresa.
—¿Por qué dices eso?
—Porque algo bueno debió de tener para que salieras con él —respondió sin miramientos.
—Pues…
La verdad no supe cómo responder a eso. El comentario de Alex me hizo plantearme seriamente porque había estado varios meses con Diego y no supe encontrar una respuesta en concreto.
—No lo sé —me encogí de hombros—. La verdad es que Diego tiene sus momentos en que no se comporta como un patán caprichoso. Son pocos pero los tiene.
—Eso tendría que verlo —Alex rió con incredulidad, dirigiendo de nuevo la mirada hacia la mesa de Diego.
—La verdad dudo que llegues a verlo —añadí riendo ligeramente—. Creo que de verdad te odia y dudo que alguna vez se comporte de una manera decente contigo.
—No entiendo por qué su odio. Salvo el hecho de haberme defendido ayer de su ataque, yo no le he hecho nada.
Yo reí.
—¿En serio no lo ves? —Alex me miró intrigado­—. Diego siente celos de ti.
—¿Celos? —preguntó en medio de una carcajada—. ¿Por qué tendría que sentir celos de que todas las miradas del colegio siempre estén sobre mí?
—Entonces sí lo has notado.
—Soy raro, no ciego, Steph —dijo riendo—. Desde ayer que llegué la gente no me ha quitado los ojos de encima —su voz tenía un cierto tono de fastidio—. Si eso es de lo que Carter está celoso, con gusto lo dejo ser de nuevo el centro de atención. Prefiero mil veces pasar desapercibido a recibir toda esta atención cuyo origen desconozco.
Yo lo miré con escepticismo.
—¿De verdad no sabes porqué llamas la atención? —él me miró en espera de mi respuesta—. Alex sólo mírate.
Él se observó las manos y luego se examinó el resto de su cuerpo. Después rió y sus ojos volvieron a fijarse en mí.
—¿Y?
—No sé si te hayas fijado en que eres un chico que se sale de lo común.
El volvió a reír, pero esta vez con tono de amargura.
—No tienes idea de lo acertado que fue ese comentario.
Demonios. Como siempre, no me fijé en lo que dije y al parecer mi comentario lo ofendió. Me ruboricé ante mi metida de pata y traté de remediar mi error.
—No quise decir eso… yo… —balbuceé torpemente.
—No te preocupes Steph. No dijiste nada malo, sólo la verdad —de nuevo hizo esa sonrisa que lo hacía ver aún más hermoso de lo que ya era.
­—Discúlpame —repetí con la mirada baja.
—Ey!
Alex levantó mi rostro y me obligó a mirarlo a los ojos. Su mirada era profunda, perturbadora, e hizo que me estremeciera hasta los huesos.
—No tienes por qué pedirme disculpas —dijo en un susurro suave mientras acariciaba mi mejilla—. Yo sé perfectamente lo que soy, y no soy un chico normal.
De repente su mirada se ensombreció y retiró su mano de mi rostro. Una sombra de pesar cubrió su semblante y sin más se levantó de su asiento.
—Disculpa, pero tengo que irme.
—Eh… —balbuceé totalmente desconcertada ante su brusco cambio de actitud.
—Discúlpame, pero recordé que tengo algo que hacer y lo había olvidado.
—No… no te preocupes.
—Fue un gusto sentarme contigo Steph —de nuevo volvió a sonreír y tomó mi mano para besarla—. Te veo en Ciencias.
Entonces se dio la media vuelta y se alejó caminando entre la multitud que lo miraba.


—¡Cuéntanos todo!
Las mirabas expectantes de Alyssa Y Adrienne no se apartaban de mí, cuando volví a ocupar mi habitual lugar en la mesa donde se encontraban.
—No hay nada que contar —respondí con indiferencia, intentando fijar mi atención en el pastel de chocolate que aún se encontraba sobre mi charola.
—¡Por supuesto que lo hay! —exclamó Aly—. ¿Cómo te fue con Alex?
—Simplemente charlamos.
Intenté seguir fingiendo que no seguía desconcertada por el repentino cambio de actitud en Alex. ¿Qué rayos era lo que había sucedido momentos antes? ¿Por qué de haberse comportado tan dulce, repentinamente había huido así sin más? Su mirada sombría seguía fija en mi memoria, esa mirada que por segundos había dejado de ser perfectamente azul y hermosa como un profundo lago para convertirse en algo frío y sin vida.
—¿Pero de qué platicaron? —me instó Adri con la voz llena de curiosidad.
—Pues… de todo y nada —me concentré en sacar la cuchara de la servilleta y encajarla en el pastel que tenía delante.
—¿De todo y nada? —Aly enarcó una ceja con escepticismo—. Steph, ¡sé más específica!
Yo me limité a probar un bocado de pastel y saborearlo durante varios segundos como si fuera la primera vez en mi vida que lo probaba.
—Mmm… chocolate. Mi favorito —añadí tomando otro bocado.
—¡Concéntrate, Stephanie! —exclamó Adrienne completamente exasperada, alejando el pastel de mí.
—Dame mi pastel.
—Te lo daré cuando nos digas de qué hablaste con Alex.
Yo la fulminé con la mirada.
—Entonces iré por otro.
—¡Por Dios, Stephanie! —Aly parecía al borde de la desesperación—. ¿Por qué no quieres decirnos qué hablaste con Alex?
—Porque realmente no hablamos de nada en especial. Sólo hablamos de que Diego siente celos de él. Es todo —añadí rotundamente quitándole el pastel a Adri.
Mis dos amigas me miraron desilusionadas.
—¿Sólo de eso? —preguntaron al unísono.
—Así es, sólo de eso —volví a concentrarme en el pastel y comí otro bocado—. ¿De qué se supone que tendríamos que haber hablado?
—No lo sé —Aly se encogió de hombros—. De que ambos se gustan.
—¡No puede ser que sigan con lo mismo! —exclamé totalmente cansada del tema.
—No puedes negar lo que es evidente, Steph. Estuvimos observándolos todo el tiempo que estuvieron juntos y la mirada de ambos expresaba eso.
—¡Nos estaban espiando!
—No puedes culparnos por eso —respondió Adri.
—Alex y yo sólo somos amigos. Apenas nos conocimos ayer, métanse eso en la cabeza —añadí enojada antes de llenarme la boca con el último pedazo de pastel que quedaba.
Ambas resoplaron enojadas.
En ese instante, Diego y su banda de amigos se levantaron de su mesa y se dirigieron hacia nosotras.
—Así que tienes un nuevo amigo, ¿eh, Steph? —Diego rió con burla. A su lado, Chris sólo negaba con la cabeza, reprobando la actitud de su amigo.
—¿Algún problema con eso, Diego? —respondí sin inmutarme.
—Pues fíjate que sí tengo un problema —él se cruzó de brazos.
—¿Y se puede saber qué problema es?
—Que no quiero que seas amiga de Slade —soltó sin miramientos.
—Diego, por favor —Chris lo jaló del brazo pero Diego lo ignoró.
—Lamento informarte Diego, que yo decido de quién ser amiga y de quién no. No tú.
—Mejor vámonos, Steph —Adri se levantó de su silla y Aly y yo la imitamos.
—Entonces, ¿es verdad? ¿Slade y tú son amigos?
—Sí, muy a tu pesar lo somos Diego —lo miré fríamente—. Y tú no tienes ningún derecho para prohibirme nada. Yo no soy de tu propiedad —hice énfasis en las últimas palabras y me dirigí hacia la puerta de la cafetería, seguida de mis dos amigas.
—Es verdad, no eres de mi propiedad —Diego asintió—, pero por si no lo sabías, Steph, aquí todos hacen lo que yo digo.
Ésa fue la frase que colmó el vaso. Me di la vuelta y volví a encarar a Diego.
—Por si no lo sabías, Diego, yo no soy igual que toda esta bola de idiotas que hacen lo que a ti se te da la gana. Estoy harta de tu inmadurez y tu actitud de niño caprichoso.
—No pensabas eso cuando salías conmigo —respondió, sonriendo con suficiencia.
A esas alturas de la discusión, todos los que aún quedaban en la cafetería nos miraban. Estábamos sumidos en un silencio total y sólo se escuchaban las voces de Diego y mías.
—Tengo que admitir que cuando salía contigo no pensaba en nada —dije fríamente, fulminándolo con la mirada—. No sé cómo pude ser tan imbécil para salir con alguien como tú.
—Y sin embargo aun así lo hiciste.
—Error del que me arrepentiré toda mi vida.
—Steph, basta. No le hagas caso y vámonos —Aly me tomó del brazo y miró con furia a su hermano—. ¿Es que no te cansas de andar armando escenitas por toda la escuela?
—¿Sabes de qué me arrepiento, Stephanie? —Diego ignoró a su hermana descaradamente—. De no haberte hecho mía a tiempo. Es una lástima que haya desperdiciado la oportunidad de meter en mi cama a alguien como tú.
Eso sí me sacó de mis cabales. No podía creer lo que Diego acababa de decir, ese hombre era el colmo del cinismo. Avancé la poca distancia que me separaba de Diego y le pegué tremenda bofetada que incluso me dejó la mano ardiendo.
Todos en la cafetería ahogaron un grito de asombro, pero él únicamente se limitó a sonreír y a mirarme con lujuria.
—Me pregunto si así de salvaje serás en la cama.
—Basta ya Diego —intervino Christian—. No te voy a permitir que le faltes al respeto a mi hermana.
—Francamente te admiro, Chris —Diego lo miró y después volvió a mirarme a mí—. No se cómo puedes dormir en la misma casa que ella y no sentir ganas de hacer cosas divertidas por la noche.
—Basta Diego, te estás propasando —mi hermano lo miró serio, dando a entender que no permitiría que continuara hablando así de mí.
—Me das asco hermano —Aly habló nuevamente y miró a su hermano con desprecio—. No sé cómo puedes hablar así de alguien que fue tu novia y a quien supuestamente quisiste.
—¿A quién quise? —el soltó un carcajada—. A quien quise llevar a la cama, querrás decir. Francamente, hermanita, ¿conociéndome, creíste que en realidad llegué a querer a tu amiga? —me miró con superioridad—. Lo único que siempre quise fue llevarla a la cama, pero para mi mala suerte ese deseo no se me cumplió.
—¡Eres un imbécil, Diego! —exclamé llena de furia—. No puede ser que tan cínicamente digas eso. ¿Sabes algo? Me das asco, ¡asco! Y francamente me das pena porque alguien como tú nunca va a poder ser feliz en la vida, alguien tan hipócrita, tan falso y carente de sentimientos. ¡Eres una basura!
Después de gritarle lo último, le escupí en la cara y me alejé de ahí corriendo, para que nadie notara las lágrimas de rabia que comenzaban a salir de mis ojos. Escuché las voces de mis amigas y de mi hermano llamándome, pero los ignoré y seguí alejándome de ahí.
No supe hacia dónde caminaba, sólo iba por donde mis pies me llevaban, atravesando pasillos y cruzando puertas. Cuando levanté la mirada y miré a mi alrededor, me di cuenta de que había llegado al estacionamiento del colegio. Me senté en un rincón apartado y abracé mis piernas, llorando en silencio más por rabia que por otra cosa.
¿Cómo era posible que Diego fuera tan cínico para admitir frente a todos que lo único que había querido conmigo era llevarme a la cama? Eso yo ya lo sabía, pero escucharlo decirlo frente a toda la escuela y sin ningún remordimiento en la conciencia me llenaba de rabia. Me sentía decepcionada conmigo misma por haber llegado a salir con alguien de tan baja calaña.
—¿Steph?
Levanté la vista y me vi reflejada en unos ojos azul cielo.
—Hola, Alex —respondí, escondiendo mi rostro entre mis piernas para que no me viera llorar.
—¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando? —me miró con preocupación.
—No es nada —enjugué mis lágrimas con mi mano—. Estoy bien.
—Steph —me miró serio—. Tú no sabes mentir.
—No es nada, no te preocupes por mí.
Él suspiró, se sentó junto a mí en el suelo y me abrazó por los hombros, rodeándolos con su brazo.
—Creo que ya es demasiado tarde para que me pidas eso. Es inevitable que me preocupe por ti.
No supe por qué, pero sus palabras hicieron que nuevamente me soltara en lágrimas y hundiera mi rostro en su pecho. Alex me abrazó más fuerte y yo hice lo mismo, aferrándome a él. Por alguna razón que no pude explicar, su abrazo me hizo sentir segura y a salvo. Sentía que nada ni nadie me podría hacer daño si yo me encontraba entre sus brazos.
—¿Qué tienes, hermosa? —preguntó en un susurro sobre mi cabeza.
—Diego… —fue todo lo que pude decir.
—¿Qué te hizo ese imbécil? —preguntó en medio de un suspiro de frustración.
—Él… bueno… yo… —balbuceé torpemente—. Discutimos y bueno…
—¿Qué te hizo? —volvió a preguntar, soltándome de su abrazo y mirándome a los ojos.
—Me dijo muchas cosas…
—Steph —dijo tomando mi barbilla entre sus dedos—, no sé qué cosas te habrá dicho, pero estoy seguro que no valen la pena para que estés así.
Su mirada celeste, tan clara y profunda hizo que me tranquilizara un poco. El tener a Alex allí, tan cerca de mí hizo que me olvidara de todo lo demás. Repentinamente, el motivo de mi llanto parecía una ridiculez.
Limpié mis lágrimas y hablé en medio de un suspiro, con la voz un poco más calmada.
—Es un idiota. Me dijo que jamás me quiso y que la única razón por la que salió conmigo era porque quería llevarme a la cama.
Alex me miró sorprendido y después cerró los ojos. Cuando habló lo hizo con la voz un poco alterada.
—No puede ser que te lo haya dicho así, sin más.
—Pues sí, lo hizo.
Él continuaba con los ojos cerrados y yo noté que ahora tenía el puño derecho apretado. Soltó un enorme suspiro y después volvió a hablar con una voz grave, diferente a ese tono melodioso que siempre acostumbraba tener.
—¿Por qué te dijo eso ahora? Tenía entendido que ustedes terminaron hace tiempo.
—Pues…
No sabía si seguir contándole a Alex mi discusión con Diego sería lo mejor. Su actitud obviamente demostraba que estaba bastante alterado y que intentaba controlarse, pero no estaba segura de si después de contarle el resto de la historia podría seguir calmado.
—Dímelo Stephanie. Quiero saber todo lo que pasó.
—Ya no tiene caso Alex —dije intentando restarle importancia al asunto—. Olvídalo.
—No. Quiero saber qué paso.
—Ya te dije que lo olvides.
—Si no me lo dices lo averiguaré por mí mismo, así que de todos modos terminaré sabiéndolo.
Su tono de voz me hizo saber que no estaba bromeando, así que inhalé profundamente y hablé en un tono de resignación.
—Después de que te fuiste de la cafetería, Diego me dijo que no quería que tú y yo fuéramos amigos —Alex soltó un leve bufido y yo seguí hablando—. Su actitud me molestó bastante y comenzamos a discutir a grito abierto, todos en la cafetería nos miraban… Nos dijimos muchas cosas y entre ellas pues… —tragué saliva— me dijo eso.
Alex abrió los ojos por fin y me miró fijamente.
—Supongo que eso te dolió, ¿no? ¿Por eso llorabas?
El modo en que preguntó eso me desconcertó. Su voz sonaba con cierta tristeza y yo no comprendía por qué.
—¡No! Claro que no. Más que dolerme, me  dio coraje que fuera tan cínico para decirme algo así frente a todos.
—Es un cobarde —se limitó a decir.
—No entiendo cómo pude ser tan tonta para salir con alguien como él.
—Si te soy sincero, yo tampoco entiendo cómo pudiste hacerlo.
Alex resopló y se levantó repentinamente, sacudiéndose la tierra de su pantalón negro.
—¿A dónde vas?
—Alguien debe de darle una lección a ese idiota —respondió en un tono que no me gustó para nada.
Yo me levanté alarmada. Genial. Ahora por mis tonterías ocasionaría otro pleito entre Alex y Diego, eso sí que no lo podía permitir.
—Olvídalo Alex, no vale la pena.
—Lo que Carter necesita es que alguien le ponga un límite —de nuevo su mirada se ensombreció como lo había hecho horas antes en la cafetería y su voz dejó de tener ese tono melodioso para sonar fría y vacía—, y yo sé precisamente cómo hacerlo.
—Alexander olvídalo, ¿quieres?
—¿Por qué lo defiendes?
—No lo estoy defendiendo, sólo no quiero que te metas con él.
—¿Y por qué no? ¿Tienes miedo de que pueda hacerle algo?
Ahora sí estaba completamente desconcertada. El Alex que tenía enfrente no tenía nada que ver con el que hasta ahora había conocido. Me hablaba con una furia que jamás le había visto y para ser sinceros me inspiraba un poco de temor.
—Me importa un comino lo que pueda pasarle a Diego. El que me importa eres tú.
Había dicho aquello sin pensar. La actitud de Alex me había asustado y había hecho que dijera algo que sentí desde el momento en que lo conocí pero que me había empeñado en ocultar.
Lo miré sonrojada y pude notar que él también me miraba, bastante sorprendido. Era como si mis palabras hubieran tenido un efecto calmante sobre él. Su semblante se veía mucho menos alterado y al hablar su voz no sonaba tan fría.
—¿Yo te importo?
Yo no respondí y bajé la mirada, pero el levantó mi rostro y me obligó a mirarlo a los ojos.
—Stephanie, ¿en verdad te importo?
—Sí…
Él sonrió con una sonrisa muy diferente a las que había mostrado hasta entonces, una sonrisa difícil de describir. Una sonrisa que puso en sus ojos un brillo hermoso y los hacían parecer dos zafiros radiantes. Una sonrisa que no supe por qué también apareció en mi rostro.
Acarició mi mejilla suavemente para después besarla de una manera muy tierna, luego de lo cual me abrazó.

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