Stephanie, la típica chica normal que vive el último año de preparatoria antes de partir a la universidad. Grandes sorpresas la aguardan con la llegada de Alexander, un chico nuevo que inmediatamente se gana el corazón y la atención de todas las chicas del colegio, y el odio y la envidia de los chicos. Juntos, se verán envueltos en un romance lleno de peligros y emociones, todo provocado por la verdadera identidad de Alexander, que Stephanie desconoce, y el pasado de la familia de ella.
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DISCLAIMER
Sólo soy una simple chica son sueños de convertirme en escritora. Esta es una historia original y sacada de mi imaginacion, cualquier historia parecida es una copia. Los personajes aqui utilizados para ilustrar la historia son simplemente con fines decorativos, la novela no tiene absolutamente nada que ver con la serie "The Vampire Diaries".
Crónicas De Un Amor Condenado. Capítulo 3
Autor: StephSalvatore | miércoles, 5 de octubre de 2011
—Entonces, ¿vienes de Inglaterra?
Alex y yo caminábamos por los pasillos de la escuela, libres a esa hora. Increíblemente, habíamos hecho un gran equipo en Ciencias y habíamos terminado el trabajo antes que todos los demás y antes del tiempo establecido. La señorita Gray se había mostrado muy satisfecha de que hubiéramos hecho bien el trabajo, pese a haber estado platicando, y nos había dejado salir antes.
—Así es —Alexander asintió con la cabeza y sonrió.
—¿Y por qué viniste a dar aquí?
—Pues… —hizo una pausa—. Digamos que quise regresar a mis raíces.
Yo lo miré sin comprender.
—A lo que me refiero es a que —aclaró mirándome—, originalmente yo nací aquí.
—¿Aquí? ¿En Boston?
—No precisamente Boston. Más bien nací en una localidad un poco más al norte. Salem, para ser más precisos —añadió con un tono de voz lúgubre y un brillo sombrío en la mirada.
Salem… un lugar famoso por la cacería de brujas que se había llevado a cabo siglos antes. Un lugar algo peculiar para ser el lugar de origen de aquel chico tan intrigante que se encontraba frente a mí.
—Entonces naciste en Salem —nuevamente asintió—. ¿Cuándo te mudaste a Inglaterra?
—Cuando era pequeño, mis padres se mudaron y prácticamente viví toda mi vida allá —respondió en medio de un suspiro.
—¿Y porqué regresaste a Massachussets?
—¿No te parece que preguntas demasiado? —inquirió en medio de una risa suave.
No pude evitar ruborizarme. Nuevamente me había dejado llevar por mi mal hábito de bombardear a las personas con preguntas cuando un tema me interesaba. Alex era un chico del que sin lugar a duda quería saber más y eso me había hecho parecer una chismosa.
—Lo siento —me disculpé con la mirada baja—. No quería molestarte.
Él simplemente me miró riendo.
—No me molestaste. Sólo estaba bromeando.
—Aun así, discúlpame —repetí—. Creo que en serio te estoy haciendo demasiadas preguntas.
—No te preocupes —Alex se detuvo justo frente a mí y sus ojos azules se clavaron en los míos—. No me molesta que lo hagas, al contrario. Creo que es algo… tierno y divertido.
—¿Tierno y divertido? —le devolví la mirada sin entender.
—Es sólo que pareces niña pequeña haciendo tantas preguntas —me sonrió con ternura.
—Lo sé —asentí riendo—. Es un mal hábito que debo quitarme.
—No lo hagas —nuevamente lo miré confundida—. No me parece que sea malo, me parece tierno y eso me gusta.
Iba a responderle cuando escuché que alguien gritaba mi nombre al final del pasillo.
—¡Steph!
Dirigí la mirada hacia el lugar donde provenía la voz y vi a Adrienne y Alyssa caminando hacia mí.
—¿No deberían estar en clase? —les pregunté cuando estuvieron frente a mí.
—Tú lo has dicho, deberíamos —Adri hizo énfasis en la última palabra y miró a Aly con odio—. Pero gracias a cierta persona nos sacaron de Álgebra.
—Ay no fue mi culpa —la voz de Aly denotaba fastidio.
Adri la ignoró y nuevamente se dirigió hacia mí.
—Alyssa no dejaba de hablar sobre la forma en que Alexander acabó con Diego y el profesor nos sacó de la clase.
—Tienes que admitir que lo que Alexander hizo fue impresionante, jamás había visto…
Las palabras se quedaron en su boca cuando por fin se dio cuenta del chico que estaba a mi lado.
—Oh… hola Alexander —su rostro nuevamente adquirió esa sonrisa jovial que la caracterizaba. Yo simplemente resoplé.
—Hola chicas.
Él sólo inclinó la cabeza y se dirigió hacia mí nuevamente.
—Bueno Steph, tengo que irme. Te dejo con tus amigas.
—Claro no te preocupes —respondí con una sonrisa.
—Fue un gusto conocerte —tomó mi mano entre las suyas y por segunda vez en el día la besó—. Espero verte pronto.
—Así será —sonreí de nuevo y mis mejillas adquirieron el tono rosado que solían tomar en la presencia de Alex.
—Chicas —volvió a inclinar la cabeza frente a Aly y Adrienne y dio la media vuelta para alejarse caminando por el pasillo.
Yo volteé la mirada hacia mis amigas, las cuales me miraban con los ojos llenos de asombro.
—¿Qué fue eso? —preguntaron al unísono.
—¿Qué fue qué?
—Eso —repitió Adri—. El beso y el “espero verte pronto” —añadió imitando a Alex.
—Es simple cortesía —respondí encogiéndome de hombros.
—¿Cómo demonios lo hiciste? —Aly me miraba asombrada, con un tono en la voz que no supe identificar.
—¿Cómo hice qué?
—¡Le gustas! ¿No es obvio? —mi amiga me miró exasperada, como si intentara explicarme que dos más dos es cuatro y yo no lo entendiera.
—Claro que no, ¿cómo se te ocurre?
¿Yo gustarle a Alex? ¿Cómo se le podía ocurrir semejante cosa? Que un chico tan perfecto como Alex se fijara en alguien como yo sólo podía ocurrir en una probabilidad de uno en un millón. Lo que Aly acababa de decir era prácticamente imposible.
—¡Claro que sí! ¿Cómo lo lograste?
—Aly, no sé qué hayas tomado pero creo que ya estás delirando.
Miré a Adrienne en busca de ayuda pero mis esperanzas se fueron al suelo cuando vi que ella estaba considerando lo que Aly había dicho.
—Por increíble que parezca —dijo en medio de un suspiro—, creo que concuerdo con Alyssa.
—¿Qué? —miré a mis amigas confundida—. No pueden hablar en serio.
—Stephanie —Aly me tomó por los hombros—. ¡Despierta! ¡No puede ser que no te des cuenta!
—¿Darme cuenta de qué? —me solté de la sacudida que estaba recibiendo.
—¡De que le gustas a Alexander! ¿De qué más?
—Ok, ok mira —dije con un ligero fastidio—. No sé de dónde habrás sacado semejante tontería, pero…
—No es ninguna tontería, créeme yo sé de eso. El modo en que te mira, cómo te sonríe… ¡A Alexander le gustas!
—Alyssa en serio estás delirando, la probabilidad de que yo le guste a Alex es de…
—¿Alex? —Adri me miró de una forma curiosa—. ¿Ahora es Alex? —ella y Aly se miraron con complicidad.
—No tiene nada de malo que lo llame así —fruncí el entrecejo.
—Mira —intervino Aly de modo tajante—. Tú di lo que quieras, el tiempo me dará la razón cuando el próximo beso que te dé sea en los labios y no en la mano —abrí la boca para contradecirla pero ella continuó—: Lo que no puedes negar es que a ti sí te gusta él —me miró con superioridad—, y mucho.
Nuevamente mis mejillas me traicionaron y se sonrojaron.
—Lo sabía.
—No tiene nada de malo que a Steph le guste Alex —Adrienne me miró con una sonrisa—. Es casi imposible que no le guste a alguien, incluso tú estás que babeas por él, Aly.
—No te voy a negar que es extremadamente guapo y que me encanta —respondió con una sonrisa pícara—. Pero como soy tan buena amiga no voy a intentar nada con él y se lo voy a dejar a Steph —me miró riendo.
—Vaya —dije con sarcasmo—. Gracias por ser tan generosa conmigo.
—Ya me lo agradecerás cuando termines haciéndote novia del chico más guapo del colegio.
—Más vale que tu hermano no te oiga decir eso, Aly —dije entre risas, en un intento de cambiar el tema.
—¡Bah! —Adri hizo un gesto con la mano—. Lo siento mucho por Diego, pero me temo que la fama del más guapo de la escuela ya se la arrebató Alex.
Las tres reímos al darnos cuenta de que Adrienne tenía razón. Después sonó la campana y nos dirigimos a nuestra próxima clase.
—Escuché que te vieron caminando por los pasillos con el chico nuevo.
Mi hermano me miraba con una mirada interrogante, horas después cuando ambos caminábamos de regreso a casa.
—Vaya —resoplé—. Una ya no puede hacer nada porque inmediatamente todo mundo lo sabe.
Christian soltó una risita.
—Ése es el costo de ser popular, hermanita.
—Ése es el costo de ser amiga de Aly —corregí.
—Puede que tengas razón —Chris asintió—, pero ése no es el punto. Dime, ¿ahora eres amiga del chico nuevo?
—¿Qué tendría eso de malo? ¿Ahora vas a prohibirme que le hable sólo porque se defendió de tu mejor amigo?
—Ey, ey —me abrazó y besó mi frente—, tranquila. No voy a prohibirte nada. Que sea tu hermano no me da derecho de decirte a quién puedes hablarle y a quién no.
—Me da gusto que tengas eso claro —dije correspondiendo su abrazo.
—Además, no tengo nada en contra del tal Alexander. Ni siquiera lo conozco así que no puedo juzgarlo ni decir nada de él.
—La verdad es que es un buen chico —sonreí recordando los momentos que había pasado con él horas antes—. Es bastante lindo.
Mi hermano me miró enarcando una ceja.
—¿Tendré que comenzar a llamarlo cuñado? —preguntó en medio de una risotada.
—¡Ay no molestes! —lo codeé levemente en las costillas—. Ya vas a empezar igual que las chicas.
—¿Ellas también se dieron cuenta de que te enamoraste del chico nuevo?
—Yo no me enamoré de Alex —lo fulminé con la mirada—. Apenas lo conocí hoy.
—Bueno, tal vez no te enamoraste, pero es evidente que te gusta, hermanita.
—¿De dónde rayos sacan eso?
—Yo lo digo porque te conozco —Chris me miró sonriendo—. Esa sonrisa que tienes cuando hablas de él no es muy común en ti.
—¿Ahora lees el lenguaje corporal?
—No necesito hacerlo. Te conozco demasiado bien Steph, y lo sabes.
Yo me limité a resoplar y a fruncir el ceño. Era verdad. Nadie en el mundo me conocía mejor que Christian. Entre ambos no existían secretos ni mentiras. Éramos inseparables y los dos sabíamos absolutamente todo acerca del otro.
—Tienes razón —suspiré—. A ti no puedo engañarte.
—¿Entonces tendré nuevo cuñado?
—Es muy pronto para decir eso —dije en medio de risas.
—Mi hermanita está enamorada —Chris dio pequeños saltitos a modo de burla.
—No seas payaso —lo golpeé levemente en el hombro—. Parece que tienes cinco años cuando te comportas así.
—Recuerda que soy tu hermano menor.
—Pero sólo por cinco minutos —puntualicé entre risas—, no es mucha diferencia.
—Nada, cinco minutos es mucha diferencia.
Yo volví a reír.
—Tienes razón, cinco minutos me hicieron más inteligente que a ti.
—¡Oye! —mi hermano hizo una cara de ofendido y yo reí al verlo—. Ahora si me ofendiste.
—Es broma hermanito —reí y lo abracé—. Si no fueras inteligente no estarías tan decidido a estudiar Medicina.
—A propósito —me miró fijamente—, ¿cómo es que el profesor de Literatura supo que quiero estudiar Medicina?
—Christian, todo el mundo sabe que quieres estudiar Medicina. No sé si te hayas dado cuenta pero en esa escuela es imposible guardar secretos.
Él rió con mi comentario.
—¿Pero cómo es que se enteraron? Digo, sólo lo sabían mis amigos y tú.
—Yo no dije nada de eso puedes estar seguro. Tal ves alguno de tus amigos le contó a alguien y el chisme se esparció. Lo único que sé es que nadie cree que vayas a estudiar eso.
—¿Ah no? —él enarcó una ceja con escepticismo—, ¿y por qué no?
—Porque nadie cree que el mejor amigo de Diego Carter sea capaz de estudiar algo tan serio como Medicina.
Mi hermano resopló.
—La verdad no sé por qué tienen esa imagen de Diego.
—¿En serio quieres que te responda? —enarqué una ceja—. Diego podrá ser atractivo y en ocasiones hasta agradable, pero eso no le quita que a veces sea… —hice una pausa buscando una palabra que no sonara tan hiriente— bastante superficial.
—Él no es superficial.
—Christian, no niegues lo que es obvio. Diego podrá ser tu mejor amigo pero aun así no deja de ser alguien que se guía más por un buen trasero que por una mente culta.
Él río un poco.
—En eso tienes razón. Pero no deja de ser mi mejor amigo por eso.
—No digo que deje de serlo. Si quieres que sea sincera contigo —lo miré fijamente—, no entiendo como alguien como tú terminó siendo el mejor amigo de Diego.
—¿Alguien como yo?
—Sí, alguien razonable y con un poco de inteligencia.
Nuevamente volvió a reír.
—Ya basta Steph o harás que me la crea.
Iba a responderle cuando mi mirada se fijó en el deportivo negro que cruzaba la calle. Era un auto que sin duda se encontraba fuera del presupuesto de muchos en la ciudad y llamaba la atención al instante. Sin embargo, no fue el auto en sí lo que llamó mi atención, si no la persona que iba al volante.
—Parece que tu novio no carece de dinero, ¿eh? —dijo Chris socarronamente, observando anonadado el auto que conducía Alexander.
Yo no pude articular palabra para responderle. No supe por qué, pero me había impresionado que Alex trajera un auto así. Jamás habría imaginado que tuviera semejante fortuna como para poseer ese tipo de autos. No podía negar que su porte denotaba clase y en cierto modo algo de sofisticación, pero su actitud era la de un chico sencillo y hasta cierto punto humilde, muy diferente a la arrogancia y frecuente altanería de Diego, cuyo padre era uno de los abogados más reconocidos de la ciudad y no carecía de dinero.
—¿Crees que puedas hacerlo pronto tu novio y así pueda prestarme su auto?
Mi hermano seguía pasmado, con la vista fija en el deportivo negro que ahora cruzaba una esquina alejándose de nosotros.
Yo me limité a resoplar y continuar el camino a casa, con el inquietante presentimiento de que posiblemente Alexander era mucho más de lo que aparentaba.
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