Stephanie, la típica chica normal que vive el último año de preparatoria antes de partir a la universidad. Grandes sorpresas la aguardan con la llegada de Alexander, un chico nuevo que inmediatamente se gana el corazón y la atención de todas las chicas del colegio, y el odio y la envidia de los chicos. Juntos, se verán envueltos en un romance lleno de peligros y emociones, todo provocado por la verdadera identidad de Alexander, que Stephanie desconoce, y el pasado de la familia de ella.
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DISCLAIMER
Sólo soy una simple chica son sueños de convertirme en escritora. Esta es una historia original y sacada de mi imaginacion, cualquier historia parecida es una copia. Los personajes aqui utilizados para ilustrar la historia son simplemente con fines decorativos, la novela no tiene absolutamente nada que ver con la serie "The Vampire Diaries".
Crónicas De Un Amor Condenado. Capitulo 1
Autor: StephSalvatore | domingo, 11 de septiembre de 2011
Bip… bip…
Escuché el sonido del despertador y me removí entre las sábanas. Me rehusaba a abrir los ojos porque quería seguir durmiendo un poco más. Después de unas merecidas vacaciones, hoy comenzaba mi último año en la escuela y después iría a la Universidad.
Bip... bip…
A regañadientes, extendí el brazo sobre mi cabeza y apagué el despertador. Hasta entonces abrí los ojos y me encontré con un rayo de sol que luchaba por abrirse paso entre las cortinas que cubrían mi ventana. Salí de la cama y entonces escuché la voz de mi hermano a través de la puerta.
−Steph, ¿ya despertaste?
−No, soy sonámbula y por eso te respondo −respondí en mis acostumbrados momentos de sarcasmo.
−Muy graciosa Stephanie −la voz de Christian intentaba sonar seria, pero pude escuchar como soltaba una risita a través de la puerta−. Mamá dice que te apures o llegarás tarde a la escuela.
−¿Llegaré? ¿Qué no irás conmigo?
−No. Yo ya me voy para jugar un partido de fútbol con Diego y los chicos antes de que comiencen las clases.
Había olvidado que mi hermano y sus amigos eran unos aficionados a jugar fútbol americano siempre que podían. Era obvio que ahora que tendrían el campo escolar cerca, jugarían cada vez que pudieran. Hombres y sus deportes… jamás podría entenderlos.
−De acuerdo, ¿entonces ya te vas?
−Sí, Diego ya no tarda en pasar por mí. Y apúrate que Aly no tardará en hacer lo mismo contigo.
−Sí papá, ya voy −repetí mi tono sarcástico.
Escuché como los pasos de mi hermano se alejaban de la puerta y tomé mis cosas para meterme a bañar. Miré el reloj y me di cuenta de que comenzaba a hacerse tarde, ya casi era la hora de que Alyssa y Adrienne pasaran por mí. Mis mejores amigas, juntas éramos inseparables.
Me bañé rápidamente y después me vestí con lo primero que alcancé a ver en mi armario: unos jeans algo desgastados y una camiseta estampada. En realidad mi aspecto jamás me había importado demasiado, no era la típica chica de mi edad que se preocupaba por ser la más linda y la más popular de la escuela. La popularidad que había llegado a tener no era porque la hubiera buscado, sino porque venía incluida siendo amiga de Aly, la “señorita popularidad”.
Apenas terminé de cepillarme el cabello cuando escuché la bocina de un auto afuera de la casa. Me asomé por la ventana y vi el auto de Aly estacionado junto a la puerta. Me colgué la mochila de un hombro y tras asegurarme de que no olvidaba nada, bajé corriendo las escaleras y llegué a la puerta con la respiración entrecortada. Bajé el escalón que había en la puerta a trompicones, casi tropezando, y al llegar al auto me encontré con los rostros de mis amigas, conteniendo la risa y mirándome por la ventanilla.
−El primer día y ya se te hace tarde, Steph −dijo Adrienne en tono de broma.
−No se me hizo tarde −respondí abriendo la puerta trasera del auto y subiendo en él.
−No, ¡qué va! −añadió Aly, mirándome por el espejo retrovisor−. Sólo te gusta correr por tu casa en las mañanas, ¿no?
−Claro. Es mi ejercicio mañanero −dije entre risas.
Todas reímos con mi comentario. Después de ponerse el cinturón y acomodarse su rubia melena detrás de la oreja, Aly arrancó el auto y nos dirigimos hacia la escuela.
−¿Pueden creer que este sea nuestro último año? −preguntó Adrienne, con la voz llena de emoción.
−Nuestro último año y el mejor, se los aseguro −añadió Aly, con su voz llena de esa euforia propia de ella−.
−¿Y qué te hace pensar que será el mejor? −pregunté, mirando por la ventanilla trasera del auto.
−No lo sé −respondió, encogiéndose de hombros y sin apartar las manos del volante−. Hay que ser optimistas, ¿no? Además −añadió con una risita−, quien quita y llega un chico interesante.
Yo resoplé ante el comentario. Aly, siempre pensando en encontrar chicos nuevos con los cuales salir.
−Tú siempre buscando quien será el siguiente en tu lista de ex novios.
−Bueno, la vida hay que vivirla, ¿no? Tu deberías de hacer lo mismo Steph, desde que terminaste con mi hermano no te he conocido ningún otro novio.
Aly era hermana de Diego, el mejor amigo de mi hermano, y mi ex novio. Diego era un año mayor que nosotros, pero estaba en el mismo curso porque había gastado un año viajando por el mundo, según él porque necesitaba un descanso de la escuela.
Diego y yo habíamos estado saliendo hacía unos cuantos meses y para ser sinceros, me arrepiento de eso. No es que no lo quisiera, porque a pesar de su manera tan "especial" de ser, sentía un gran cariño por él. La verdad era que si había aceptado ser su novia había sido más por quitarme de encima a Alyssa con sus insistentes sugerencias sobre salir con su hermano, y al mismo Diego, con sus habituales intentos de conquista. Nuestra relación de apenas 4 meses fue, para mi sorpresa, divertida. Había momentos en que me gustaba ser la novia de Diego, y tengo que admitir que hasta llegué a sentir algo por él. Llegamos a un punto en el que ni su enorme ego, ni su hábito de decir las cosas sin pensar me importaban, todo iba viento en popa hasta que él tuvo que cometer una de sus tantas estupideces.
Diego había intentado que lleváramos nuestra relación a "otro nivel", cosa que yo inmediatamente me negué a aceptar. La situación se volvió fastidiosa cuando él no dejaba de pedírmelo, alegando que me amaba y que quería demostrarlo. De haber sido más ingenua tal vez le hubiera creído, exceptuando el hecho de que un día, mientras caminaba por un pasillo, escuché una conversación que él estaba teniendo con sus amigos. Al parecer ellos lo molestaban porque yo era la chica con la que más tiempo había tardado en irse a la cama; él se defendía argumentando que yo ya no tardaba en caer en su trampa, y hasta llegué a escuchar la palabra "apuesta" en la conversación.—No digo que sea una prioridad, pero no estaría mal que buscaras uno.
Como es lógico, esa misma tarde terminé con él. Cualquiera habría pensado que estaría hundida en un mar de lágrimas llorando por haber terminado con mi novio, pero la verdad era que me sentía aliviada de haberlo dejado. Los últimos días con él habían sido una pesadilla, provocada principalmente por sus insistentes deseos de acostarse conmigo y mis habituales rechazos. Christian confirmó que mi decisión había sido la mejor cuando me agradeció ahorrarle una pelea con su mejor amigo, ya que Diego estaba planeando drogarme para poder llevar a cabo sus planes y obviamente él no iba a permitirlo. Sorprendentemente su revelación no me sorprendió y me alegré aún más de haber terminado con Diego.
—La verdad es que tener novio no es mi prioridad ahora, Aly —fue todo lo que respondí.—Alyssa, ¿no sabes pensar en otra cosa que no sea en chicos? —preguntó Adrienne, negando con la cabeza.
—Ay no me vengas tú con eso, Adri —Aly sacó la cabeza para gritarle a un tipo que estaba parado justo frente a la entrada del estacionamiento escolar, y después volvió a dirigirse a Adrienne—: No me puedes decir eso cuando cada vez que Christian aparece frente a ti te lo comes con los ojos.
Ese comentario me hizo botarme de la risa. Hacía tiempo que había notado que Adrienne sentía algo por mi mellizo, pero no le había dicho nada porque sabía que ella se empeñaba en ocultarlo. Lo ocultaba tan bien, que de no haber sido porque era una de mis mejores amigas, ni siquiera lo habría notado. Ahora, sin embargo, no podía ocultar el intenso rubor que se había formado en sus mejillas después de escuchar las palabras de Aly.
—¿Qué? —fue todo lo que pudo decir después del shock que Aly le había causado—. No... no sé qué... qué quieras decir con eso... —balbuceó torpe y nerviosamente—. A mí no me gusta Christian.
Aly bufó.
—Si, claro. A ti no te gusta el hermano de Steph y el cielo ahora mismo es de color verde.
—Bueno, bueno —intervine antes de que las mejillas de Adri estallaran de lo rojas que estaban—. Si ya terminaste de torturar a la pobre de Adri, creo que deberíamos entrar a clases antes de que lleguemos tarde en nuestro primer día.
Mientras nos dirigíamos a la primera clase, miré de reojo a Adri y me di cuenta de que evitaba mi mirada, con las mejillas aun ardiendo. El camino al aula estuvo lleno de saludos e intercambios de sonrisas, todo producto de ir al lado de “Aly, la señorita popular”.
“¿Cómo estás Stephanie?”, “¿Qué tal las vacaciones?” y “Te veo en el almuerzo” fueron las frases que me acompañaron a lo largo del pasillo. Cuando llegamos a la puerta del salón se escucharon ruidos del otro lado del pasillo, levanté la mirada y pude ver a mi hermano caminando hacia donde estábamos nosotros, acompañado de su grupo de amigos quienes venían jugueteando y golpeándose entre ellos.
En el centro del grupo venía Diego, con un balón de fútbol americano en las manos. Diego, el chico más popular del colegio, al igual que su hermana. Varias chicas lo miraban mientras caminaba, y era obvio que él disfrutaba recibir toda esa atención. Cuando llegó a donde nos encontrábamos, nos miró y nos saludó con su habitual:
—Hola linda Steph, linda Adri, hermanita querida.
—Hola Diego —respondimos las tres al mismo tiempo.
—¿Qué tal las vacaciones, chicas?
—Pues lo normal, nada interesante que reportar —dije riendo—. Veo que no pudieron resistir la tentación de atacar el campo de fútbol otra vez —añadí viendo el balón que Diego sujetaba entre las manos.
—Ah ya sabes que el deporte nos llama –respondió con una enorme sonrisa.
—Tú deberías de hacer lo mismo, hermanita —intervino Christian.
—No gracias, tú sabes que el deporte y yo estamos divorciados para siempre.
—¿Van a entrar a la clase o estarán toda la mañana platicando allá afuera?
La cara del señor Thompson, el profesor de Literatura, apareció detrás de la puerta y nos miraba con aprehensión.
—Pues la idea de quedarnos aquí suena bastante interesante —mi hermano habló en un susurro bastante fuerte que el profesor alcanzó a escuchar.
—Muy gracioso, señor Jensen. El hecho de que pretenda dedicarse a la Medicina no significa que no necesite de la Literatura —la voz del señor Thompson seguía llena de su habitual tono de amargura, suficiente para arruinar la euforia del primer día de clases.
—¿Cómo demonios supo que quiero estudiar Medicina? —me preguntó Chris al oído mientras todos desfilábamos dentro del salón.
Iba a responderle que todos lo sabían, que nadie creía que Christian Jensen, el mejor amigo de Diego Carter, se dedicara a algo tan serio como la Medicina; cuando mis ojos se detuvieron en la esquina más alejada del aula. Fue entonces cuando lo vi, y las palabras se quedaron atascadas en mi boca.
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